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domingo, 28 de febrero de 2010

CARTA TERCERA PARA MI QUERIDA MADRE

Ayer me llamó mi hijo Willi, lo hace todos los días. Acababa de leer, en mi blog, la última carta que te escribí, dice que se pone triste, que le toco la fibra sensible. A Sonsoles le pasa lo mismo.
Ellos no han leído las primeras cartas que te envié al poco de marcharte, esas si que reflejaban tristeza.
Meses atrás, no quería, ni podía, hacerme a la idea de que no estabas, de no tener a quién llevar, todas las mañanas, un desayuno rico, acompañado de una torrija, como a ti te gustaba, de no poder salir juntas todos los días, cuando el tiempo era bueno y el sol acariciaba tu piel blanca, fresca y casi sin arrugas.
En aquél entonces, me sentía la hija más feliz del mundo ¡ qué orgullosa estaba al llevarte a mi lado ¡ Siempre ibas tan elegante y conjuntada… Bolso, zapatos y guantes coordinados, un pañuelo de color anudado al cuello y sujeto con un broche, tus pendientes de perlas y tu porte elegante, erguido, casi desafiante, contrastaba enormemente con la dulzura de tu cara, de tus ojos.
Según te describo, mismo parece que te estoy viendo, que estás otra vez conmigo, a mi lado.
Pero mi intención no es la de poner triste a nadie, yo ya estoy más resignada, solo con pensar que tu decisión ha sido un bien para ti, me es suficiente, me alegra saber que te encuentras mejor en esa tierra llena de luz y color.
¿ Has vuelto a hacer torrijas? Te mando la receta por si se te ha olvidado: Cortar rebanadas, un poco gorditas, de una barra de pan del día anterior. Ponerlas a remojar, estiradas, en un recipiente hondo que contenga leche templada con azúcar vainillado. Dejar un buen rato, que se vayan empapando en la leche, darles la vuelta y cuando la corteza está blanda, se sacan, se escurren, se pasan por huevo batido y se fríen en una sartén con mantequilla mezclada con aceite de girasol. Se les da la vuelta, y cuando han cogido un color dorado por ambos lados, se retiran y se colocan sobre un papel absorbente para que suelten el exceso de grasa.
Se sirven en una fuente bañadas con unos hilos de miel.
Madre, tengo que dejarte, es muy tarde y no he empezado a preparar la comida, ya sabes que me gusta tenerla lista a las dos y media.
En otra te escribiré más largo. Te mando muchos cariños de tus nietos y biznietos junto con un tierno abrazo de Kasioles.

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