Seguidores

domingo, 7 de febrero de 2010

MI BLOG

Tengo mi blog un poco abandonado, de momento dispongo de poco tiempo, pero buenos propósitos no me faltan para seguir escribiendo.
Me viene a la mente la correspondencia que mantengo con mi madre, en muchas de mis cartas le envío una de mis recetas. Le gustaban las comidas que le hacía cuando estaba conmigo.
Por motivos de salud, tuvo que hacer un largo viaje, fuera de España, a un clima cálido, un cielo azul, un lugar muy tranquilo, es una especie de Paraíso, el sitio ideal para descansar.
Lo malo de esto, es que se acuerda constantemente de mí, me echa en falta, añora mis comidas ¡ si supiera cuánto la necesito yo a ella….!
Mi madre siempre dice que no le gusta cocinar, pero me hacía una carne estofada, que con tan solo mencionarla, parece como si percibiese su olor y sabor.
Yo la he hecho varias veces, a todos los de casa les gusta mucho, pero tengo que reconocer que no me sale igual que a ella. Tiene su explicación, el cariño de madre que encerraba aquél plato, es imposible que pueda imitarlo.
Envío su receta y en su honor, quiero que pongáis como elemento principal, una buena dosis de cariño y paciencia.
Para hacer este plato, mi madre pedía al carnicero le diese aguja de ternera, de la parte más bajita, algunos le llaman solomillo falso, la cortaba en trozos un poco grandes y la dejaba toda la noche con unos dientes de ajo y unas hojas de laurel.
Al día siguiente, cuando iba a prepararla, ponía en una cazuela aceite, (que cubra todo el fondo) echaba unos 4 dientes de ajo pelados y cuando empezaban a tomar color, incorporaba los trozos de carne, los doraba bien en el aceite caliente, les daba vuelta y les mantenía así hasta que cada trozo aparecía doradito por todas partes, entonces echaba 2 o tres cebollas cortadas en trozos, no muy pequeños, rehogaba y rehogaba, añadía 2 hojas de laurel y un buen ramo de perejil (lo ataba para poderlo retirar al final fácilmente), ponía la sal y regaba todo con un buen vaso de vino blanco y un poco de agua (si la carne se quedase sin líquido a lo largo de la cocción, se añadirá algo más de agua y de vino blanco).
El fuego fuerte, que empleó en un principio para dorar la carne, lo baja a una temperatura media y así, a fuego lento, se va pochando la cebolla al mismo tiempo que la carne se va haciendo y ablandando. Durante todo este proceso, la cazuela tiene que estar tapada, después, cuando al pinchar la carne esté tierna, añadía un chorro de coñac y dejaba la cazuela destapada un buen rato para que el alcohol se evaporara y la carne se impregnara de su aroma.
La servía acompañada de unas patatas fritas un poco gruesas y una ensalada.
Madre, te quiero mucho, gracias por tu receta y por todo lo que me has enseñado. Un beso de Kasioles.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

DEJA TUS COMENTARIOS......