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sábado, 1 de diciembre de 2012

ROSCA DE NUECES Y PASAS AL AROMA DE CANELA

Querida madre: Hoy pensaba escribir la última parte de nuestro viaje. Todo llega a su fin, menos mi cariño hacia ti.

Pero me estoy acordando de las biznagas malagueñas y, por ser su composición un dato curioso, voy a contártelo.

Antes de empezar, quiero aclarar que las dos fotos que he subido en mi entrada anterior, son cogidas de la red. Si alguien se siente molesto por ello, le ruego me lo haga saber.

En contra de lo que la mayoría de la gente se pueda imaginar, la biznaga no es una flor natural que florece directamente de una planta. Es una composición floral.

Está formada por florecillas de jazmín que se van ensartando en el esqueleto de la planta natural (tiene tallo cilíndrico y largo, pertenece a la familia de las umbelíferas, de ahí su forma de sombrilla).

La biznaga es un invento de los árabes, forma parte de la herencia que han dejado a su paso por Málaga.

El biznaguero, muy típico en esa tierra, sobre todo en las noches de verano, es el vendedor de las preciosas biznagas.

Su trabajo comienza unos meses antes de la estación estival.

Primero tiene que recoger la planta natural (va a ser el esqueleto de la biznaga), lo hará cuando la planta aún esté verde. Deberá pelarla, quitándole las hojas y las ramas que sobren.

Se reserva el tallo principal y la punta o penacho bien recortado, así quedará con una bonita forma de sombrilla.

La dejan secar para que cada radio quede rígido y se puedan ensartar, con mayor facilidad, las florecillas del jazmín.

En las tardes de verano, el biznaguero comienza a preparar esas flores de olor inconfundible que perfumarán las calles y terrazas de Málaga.

Cortando las flores del jazmín, aún sin abrir, y con gran cuidado, las va ensartando en cada uno de los radios del esqueleto base.

Finalizada la tarea, la pincha en una hoja de chumbera a la que ha liberado de todas sus espinas, de esta forma, con gran paciencia, va formando un conjunto oloroso de biznagas.

Llegada la noche, las flores se abren y el biznaguero, ataviado con el típico traje andaluz (sombrero de ala ancha, camisa blanca, la guayabera corta, el pantalón estrecho negro y botines con medias blancas) sale a venderlas.

Los enamorados la ofrecen a su pareja como queriendo dejar, con ese aroma, la huella eterna de ese momento maravilloso que dos personas comparten juntas y felices.

Anthony, mi querido Anthony ¿comprendes por qué te he echado tanto en falta?

Nosotros no necesitaríamos hablar, estoy segura de que me adivinarías el pensamiento, me ofrecerías esa biznaga y con ella me transmitirías el amor que todavía encierra tu corazón.

Los amigos de la panda dicen que se nos nota en la mirada, en el brillo de los ojos, suelen exclamar ¡cómo te mira! ¡Pero si parece que te tiene en un altar! Cuando estás hablando… sonríe tan enamorado…

Gracias Anthony, gracias por verme así, tú bien sabes que me tienes tan enamorada como aquél día, ya muy lejano, en que te di el SI. ¡Cuánto te quiero!

Y prometo no dejar de hacerlo, tu amor es el motor de mi vida y, desde esta tierra que tantos buenos recuerdos me trae por haber estado contigo años atrás, hoy me limito a soñar, a soñar despierta, sintiendo tu abrazo: ¡Amor mío!

Cuando mi hija Máriel, al regresar de la boda, me trajo aquellas biznagas, ya estaban algo marchitas, pero mantenían ese olor tan especial que pronto impregnó toda la habitación del hotel.

Decidimos colocarlas en el baño, estarían más fresquitas. Aprovechamos para hacerles una foto.

Al día siguiente, (al igual que el sueño de tenerte a mi lado para besarte y abrazarte) la realidad era otra, las biznagas estaban marchitas y acabaron en la papelera. Tú, seguías a kilómetros de distancia.

Conservamos los dos esqueletos y les hicimos una foto sobre la mesa- escritorio que había en la habitación.

Madre, estos días no sé que me pasa, te estaría hablando y hablando sin parar.

Me estoy dando cuenta que tengo que ponerme a preparar la receta que quiero mandarte esta semana, la voy a compartir con la sobrina de una amiga (Morgana) que está a tu lado.

Me ha llevado un poco de tiempo, pero al final el resultado es algo novedoso y rico.

ROSCA DE NUECES Y PASAS AL AROMA DE CANELA.

INGREDIENTES PARA LA MASA: 350 gramos de harina de fuerza, 20 gramos de levadura prensada, dos yemas de huevo, una pizca de sal, 125 c.c de leche, ralladuras de limón, 40 gramos de azúcar y 30 de mantequilla ablandada.


RELLENO: 60 gramos de mantequilla, 70 gramos de azúcar, cucharilla y media de canela en polvo, 125 gramos de nueces peladas y otros cien de pasas, sin semillas, remojadas en un vino dulce.

DECORACIÓN: Chocolate fundido con un poco de mantequilla, al baño maría, y unas guindas.

PREPARACIÓN:

1-En un bol grande, echar la harina, hacerle un hueco en el centro e ir incorporando la levadura desmenuzada, dos yemas de huevo, una pizca de sal, la leche, las ralladuras de la piel de un limón pequeño, el azúcar y la mantequilla ablandada.


Comenzar a mezclar, primero con ayuda de una cuchara de madera y luego con las manos. Tendremos que formar una bola que no se pegue a las paredes del recipiente.

Si hiciese falta, se espolvoreará con algo más de harina.

Formada la bola, se mete en una bolsa de plástico y se deja reposar durante una hora hasta que doble su volumen.



2-Pasado el tiempo, colocar sobre la encimera de la cocina un papel vegetal, sobre él pondremos la bola de masa, la achataremos con la palma de la mano, se cubre con otro papel vegetal y, con ayuda de un rodillo, la vamos estirando hasta que alcance la medida justa del papel.

Nos quedará un rectángulo de masa.



1- PREPARACIÓN DEL RELLENO: Poner la mantequilla ablandada con el azúcar y la canela, batir bien. Trocear, no muy menudas, las nueces y las pasas escurridas, reservar esto último.

2- Levantar con mucho cuidado el papel que cubre la plancha de masa. Con ayuda de una brocha o espátula, ir extendiendo la mantequilla con el azúcar y canela.

3- Espolvorear con las nueces y pasas.



4- Ahora hay que hacer un rollo, se empezará por el lado largo del rectángulo. Hay que ir despegando con cuidado el papel que hemos colocado debajo de la masa.



5- Ya formado el rollo y, con un cuchillo afilado, le damos un corte longitudinal, pero sin llegar al final, es decir, formaremos dos tiras pero quedarán unidas por uno de sus extremos.



6- Ahora procederemos a hacer la rosca. Al cortar, como el relleno nos queda por la parte de dentro, tendremos que girar una de las tiras para que el relleno quede para arriba, la montaremos sobre la otra tira, la que queda abajo, hay que girarla también y la montaremos sobre la anterior, continuar así hasta llegar al final. Unir los dos extremos y formar la rosca. Si está bien hecha, el relleno se verá por toda la superficie.



7- Precalentar el horno a 180 grados, meter la rosca y dejar unos 30 minutos.

8- Cuando la retiremos del horno, se decora con chocolate fundido y unas guindas.



Madre, ya sabes que la repostería no es lo mío, hoy os he dedicado un poco de tiempo y paciencia, más de lo habitual, sólo sea por endulzar la vida, en ese otro mundo, de esa persona tan joven y hermosa que hoy descansa a tu lado: la sobrina de mi amiga Morgana.




Para las dos y, para aquellos otros que también estáis en otro plano superior, sabéis que os quiero con el alma y el corazón.

                            Kasioles





miércoles, 28 de noviembre de 2012

viernes, 16 de noviembre de 2012

FLAN DE MANDARINA Y LIMA



Querida madre: Hoy he tenido a cinco de mis nietos a comer.

Acaban de marcharse y, ahora que he quedado un poco más tranquila, voy a seguir contándote otro trocito de nuestro viaje.





Cuando salimos de La Catedral, nos acercamos a la Alcazaba, se alza majestuosa en pleno centro histórico de la ciudad.
En su tiempo, fue un palacio moro que mandó construir el califa Abd er Rahman I. Era una fortaleza para defenderse de los ataques piratas, muy frecuentes en aquella época.


En la misma ladera de la montaña donde está la Alcazaba, se construyó el anfiteatro romano, se remonta a la época del emperador Augusto.


Sepultado durante mucho tiempo, se descubrió al remover las tierras para edificar La Casa de la Cultura. Actualmente se conserva el graderío, de 32 m de radio, con bastante altura y el escenario donde se hacían las representaciones teatrales.

Como era ya la hora de comer, decidimos sentarnos en la terraza de un restaurante que está justo enfrente de la Alcazaba, se llama Garum Casual, en él saboreamos un menú degustación que nos permitió probar sus especialidades.
De regreso, pasamos por la calle Larios y, en uno de sus bancos, nos encontramos con una figura humana caracterizada de periódico, me acerqué, le dejé una moneda y le dije:

¡ Fenomenal! Hizo un movimiento para darme la mano invitándome a que me sentase a su lado.


Pese a que había muy poca gente por la calle a esas horas, no me atreví, nunca me ha gustado hablar con las personas cuando no puedo ver la expresión de su cara.

Salimos de esa calle y nos fuimos en dirección al puerto, andando, andando, casi llegamos al faro.


Es un largo paseo muy acogedor, por un lado se puede ver el mar tras una alta mampara acristalada y, por el otro, hay jardines, árboles y terrazas siempre llenas de gente.


Al llegar la noche ¡qué buena temperatura hacía! Decidimos quedarnos a cenar en la terraza de uno de tantos restaurantes que hay en las callejas transversales de la calle Larios.

Había mucha animación. En una esquina, un señor mayor tocaba una conocida canción de mi juventud, era un bolero precioso.


Madre, en mi otra carta ya te comenté que Anthony no había podido venir con nosotras y, al escuchar esa música… no te puedes imaginar lo mucho que le eché en falta. Necesitaba coger su mano y sentirlo a mi lado.


Para completar, veía parejas de enamorados pasar y me sentí muy sola sin él.


En mi fuero interno me preguntaba: ¿se puede saber que hago yo en Málaga sin Anthony? En ese momento, hasta me había pesado venir con mis hijas.


Si le llego a tener al lado, me olvidaría de toda la gente que había a mí alrededor y le hubiese abrazado dándole un besazo enorme con toda la fuerza de mi corazón ¡cuánto lo quiero!


Para completar mi añoranza, apareció un señor vendiendo las típicas biznagas malagueñas, se las ofrecía a las parejas ¡qué rico olor desprendían! Volví a pensar en él y supe, con toda certeza, que me compraría una para mí, hasta llegué a ver su cara, sus ojos brillantes y su sonrisa de enamorado al dármela.


Noté que una lágrima corría por mi mejilla y, disimuladamente, la sequé con el borde de la mano.


Permanecí un rato sin hablar con mi hija Pi, la emoción me impedía articular palabra.


Y como si él, por medio de su hija Máriel, quisiera complacerme, cuando ésta regresó de la boda, me traía dos biznagas, muy pronto su aroma, perfumó toda la habitación del hotel.


Hoy me he extendido demasiado, pero no quiero acabar sin mandarte la receta de esta semana. Acabo de preparar un flan de mandarina y lima.



INGREDIENTES: Algo menos de medio litro de leche, 200 gramos de nata, 6 huevos, siete cucharadas de azúcar, medio vaso de zumo de mandarina junto con las ralladuras de lima y mandarina.



Para caramelizar el molde: 6 cucharadas de azúcar y una o dos de zumo de mandarina.


PREPARACIÓN:

1- Hacer el caramelo echando, en una sartén, el azúcar y las dos cucharadas de zumo de mandarina. Dejar que se vaya haciendo poco a poco. Hay que tener cuidado de que no se queme. Echarlo en la flanera y extenderlo hasta cubrir el fondo y paredes. Reservar.



2- En un bol grande, echar los huevos, el azúcar, la nata y la leche, batirlo todo.




3- Añadirle el zumo de mandarina y las ralladuras de una lima y de media mandarina. Mezclar con una cuchara de madera.



4- Meter esta mezcla en la flanera caramelizada.


5- Cubrir la flanera con un papel de aluminio y poner la tapa de la flanera encima, cerrar bien.


6- En una olla a presión, echar en el fondo un poco de agua, introducir la flanera (como si fuera al baño maría) cerrar la olla y, cuando salgan las rayas, contar unos 20 minutos.


7- Esperar a que se baje la presión de la olla y se pueda abrir.

8- Sacar el molde, destaparlo y dejar enfriar. Desmoldar y decorar a gusto.


9- Servir bien frío.




Es un flan que no da ningún trabajo. Yo lo hice en una olla PERFET, puede que el tiempo de cocción varíe de unas ollas a otras, de todas formas, como esto no es un bizcocho, se destapa, se mira con un palillo si está cuajado y, en caso contrario, se vuelve a cocer unos minutos más.


Acabo ya, pero no me voy sin antes dejarte un abrazo muy fuerte para que te transmita todo el cariño que siento por ti.



                  Kasioles



viernes, 9 de noviembre de 2012

EL FILÓSOFO, LA COCINERA Y EL BIZCOCHO DE FRUTOS SECOS.

Querida madre: Como te prometí, vuelvo para contarte la otra parte de nuestro viaje, ya en Málaga.


El hotel estaba en la primera bocacalle del paseo principal (Larios) en pleno centro de la ciudad.


Máriel tenía la boda de su amiga a la 1 de la tarde. Entre Pi y yo, la ayudamos a vestirse y retocarse, como si de una novia se tratase ¡cuánto disfrutarías viendo a tu nieta así de guapa!


Pasadas las 12, un autocar esperaba a los invitados cerca del hotel. Pronto se reunió con otras amigas y, al quedar solas Pi y yo, decidimos que era el mejor momento para visitar la Catedral.



Los malagueños suelen llamarle La Manquita, le falta una de las torres.


Situada en el centro histórico de la ciudad, se levanta majestuosa en el mismo lugar donde, en otro tiempo, estaba la Mezquita de Aljama (árabe).


Empezó a construirse en el Renacimiento, su edificación tardó muchos años y, lo que en un principio quiso ser de estilo greco-romano, hoy se pueden apreciar otros, por ejemplo su bonita portada gótica, la puerta principal de estilo renacentista y en el siglo XVIII se le añadieron elementos barrocos.


Cada vez que visito una Catedral, me siento insignificante, su majestuosidad y grandeza me intimidan, sus capillas con esas tallas enormes, que parecen reales, hacen que me sienta en otro mundo.


Hay algo que impresiona, me refiero a una capilla que hay en el trascoro, está dedicada a Nuestra Señora de las Angustias, conocida como La Piedad, es de gran belleza, me imagino que hasta la nobleza que veía y oía misa (tenían un lugar privilegiado desde donde se podía ver al sacerdote), quisiera estar con el pueblo en el trascoro, sólo por ver y admirar a la Piedad. Tallada en mármol blanco, es obra de los hermanos Pissani. A izquierda y derecha de la Piedad, está San Juan y María Magdalena (es de madera imitando mármol).


Más adelante, nos detuvimos en la capilla del Santísimo Cristo del Amparo, viendo aquél Cristo crucificado, me acerqué y encendí tres velas, pensé en mi familia, en vosotros y la tercera, al echar la moneda, pedí por mi, para que vea esa luz iluminando mi camino y me enseñe a valorar mucho más lo que aún tengo.


Copié algo que ponía allí:




Señor, que la lámpara que ahora enciendo, sea luz para que me ilumine en mi andadura y me ampare en las dificultades.


Que sea como fuego para que Tú quemes en mí todo egoísmo e impureza.


Que sea como llama con la que Tú calientes mi corazón para enseñarme a amar.



No me puedo olvidar del coro, yo diría que es lo más valioso de la catedral, su carpintería es barroca y el artista, entre otros, fue Pedro de Mena.


Podría seguir y seguir describiendo preciosas capillas, como la de La Encarnación, pero es hora de salir por la Puerta del Perdón, la luz del sol iluminaba un bello jardín con un estanque, no pude por menos que acordarme de Granada.


Y ahora paso a preparar el bizcocho que le llevé a nuestro filósofo y amigo André. En la conversación que mantuvimos. me había pedido la receta, quería repetirlo para sus nietos.


Ya ves que no me he olvidado.


INGREDIENTES: Cuatro huevos, 260 gramos de mantequilla o margarina (yo utilicé una tarrina de margarina, Flora oliva) la misma cantidad de azúcar y la misma o, un poquito más, de harina mezclada con medio sobre de levadura en polvo, no debe faltar un poquito de coñac o vino dulce y, para completar, los frutos secos que nos gusten, higos, orejones, nueces y pasas. El que le llevé a André no tenía higos.


Se puede utilizar la misma tarrina, donde viene la margarina, como medida.


PREPARACIÓN:


1- Sacar del frigorífico, con antelación, la mantequilla o margarina, deben ablandar.


2- Poner las pasas de Corinto en agua durante una hora, pasado el tiempo, se pasan a un papel absorbente para secarlas y se espolvorean de harina. Reservarlas así.


3- En un bol grande, echar los cuatro huevos, la margarina y el azúcar. Con ayuda de un minipimer, batirlo todo hasta que quede cremoso.


4- Añadir la harina, mezclada con la levadura, poco a poco, removiendo con una cuchara de madera, hasta que quede completamente integrada al conjunto.


5- Añadir el licor que guste, y los frutos secos picados (a excepción de las pasas que van enteras), remover despacio, sin batir, con movimientos envolventes.



6- Engrasar un molde para bizcocho, echar la mezcla preparada y, en horno previamente calentado a 180 grados, meter el bizcocho y dejarlo por espacio de una hora. Está prohibido abrir el horno mientras dura la cocción, se bajaría el bizcocho.



7- Retirar del horno, dejar templar y desmoldar. Decorar con azúcar glas y algunas frutas.




Madre, yo creo que este amigo va a quedar encantado con la receta, le deseo que lo haga y que lo disfrute con sus otros nietos, tendrá que recordar, al degustarlo, el gran cariño que he puesto al hacerlo.


Hoy mi carta se ha alargado mucho, yo sé que seguirías leyendo, te recordará a las charlas que manteníamos las dos, se nos pasaba el tiempo en un vuelo ¡qué tiempos aquellos, madre!


Ahora me contentaré con enviarte mis cariños en un abrazo muy especial, el que tú te mereces.


                                               Kasioles

sábado, 3 de noviembre de 2012

HOY HAY QUE FELICITAR A...............

Querida madre: Pensaba seguir contándote la última parte de nuestro viaje (ya en Málaga) pero lo dejaré para la próxima semana.






Me estoy acordando de que hoy tengo que felicitar a un fiel amigo, es seguidor nuestro, no recuerdo desde cuando, pero permanece ahí, semana tras semana, hay veces que hasta me creo que lo conozco desde siempre.


Siendo muy popular en la blogosfera, yo diría que es como el Confucio de esta época: filósofo, moralista, altruista, poeta, solidario y lleno de amor.


De sus escritos, aunque no siempre estoy de acuerdo con lo que dice, he aprendido muchas cosas pero, últimamente, me ha dado una lección de vida.


En agradecimiento, he viajado para conocerlo y felicitarlo.


El viernes, cogí un tren que me llevó a una ciudad preciosa rodeada de mar: La Coruña.


Entrando en ella y, a través de la ventanilla del tren, pese a que era noche cerrada, las luces de las casas que hay alrededor de la playa, se reflejaban en las aguas de la ría del Pasaje y me han permitido ver muchas barcas ancladas esperando el regreso de sus dueños.


Aquello también me hizo recordar que él también es pescador y un enamorado del mar.


Hoy sábado, muy de mañana, le preparé un rico bizcocho y, después de indagar dónde vivía, cogí un autobús en la Marina que me llevó a su casa.


Una visita, muy de mañana, no es correcta pero, pese a mi impaciencia, logré esperar un poco y cuando no aguanté más, casi saltándome el protocolo, llamé a su puerta.


Me recibió un señor maduro, de cabello blanco y con un rostro surcado por las huellas que va dejando el paso del tiempo. Pero su cara reflejaba dulzura y su voz…. tranquilidad y paz.


El, al principio, no me reconoció, luego le expliqué que era una antigua amiga, que nos habíamos conocido en otro mundo paralelo y, como él suele hablar desde sus cenizas disueltas en el mar, rápidamente me reconoció: ¡Kasioles! exclamó ¡no me lo puedo creer!


Me invitó a pasar y al poco… oigo una vocecita que le llama ¡abuelo! Entonces me doy cuenta de que también a ese niño tengo que felicitarlo.


Y he pensado que, la mejor manera de hacerlo, era compartiendo con ellos el rico bizcocho que, con tanto cariño, había preparado.


André de Artabro (Nereidas es su blog) que así se llama mi amigo, en seguida enchufó la cafetera para hacer un rico café. Los tres, sentados alrededor de una mesa, desayunamos en armonía charlando animadamente.


Yo tenía prisa, no podía quedarme mucho tiempo (y si que me hubiese gustado) así que me despedí dándoles un fuerte abrazo y con un ¡hasta pronto! desaparecí escaleras abajo.


Como tenía que regresar a casa, cogí el mismo tren que me había traído y ahora, en pleno día y a la luz del sol, volví a ver, con toda claridad, esas barcas ancladas en la ría.


De lejos, divisé a un hombre remando que me decía adiós ¿sería él? Le he visto como se alejaba, el tren corría y su figura cada vez se hacía más diminuta, luego…. desapareció.


Gran parte del camino de regreso, lo pasé pensando en él, en lo que hablamos, en su vida, en la tranquilidad con que se analizaba y aceptaba lo inevitable, tenía su mochila a punto, sin peso, sin raíces que le aten a la tierra, tiene una fe enorme, yo creo que en ella reside su fuerza.


También me contó que es feliz, que se ha vuelto a enamorar y que una nueva luz ilumina esta última etapa de su camino.


¡Cuánto me alegro, mi querido amigo! Seguro que ella estará encantada al sentirse querida y mimada cuando le bordas palabras al oído.


Me imagino que, en un día como hoy, te habrá felicitado mucha gente, pero tendrás que reconocer que nadie lo ha hecho con tanta originalidad.


¡Pero que osada me estoy volviendo!


Bueno, con este escrito, sólo he pretendido felicitar a un amigo y, al mismo tiempo, invitaros a todos a que paséis por su blog y le dejéis muchas, pero que muchas felicitaciones.


Madre, hoy le toca invitar a André, me ha liberado de encender mis pucheros.


Hemos quedado en su casa para degustar ricos aperitivos acompañados de un buen Albariño.


Allí espero encontraros a todos.


De ti, madre mía, no me olvido, sabes que durante toda esta semana hemos estado muy en contacto.


Para terminar, quiero mandarte un abrazo muy fuerte para que te haga recordar el calor del cariño de tu hija

                                  
                                       Kasioles

viernes, 26 de octubre de 2012

PASTEL DE VERDURAS Y GAMBONES.


Querida madre: Como te prometí, voy a seguir contándote nuestro viaje.

Tu nieto Willi, buen conocedor de gran parte del Sur, nos aconsejó que fuésemos a comer al restaurante Gallo Azul que está en la calle Larga.


En Jerez, es fácil encontrar esa calle, pronto estuvimos delante de un restaurante que tenía una gran terraza. Por la hora que era, un poco tarde, no había mucha gente comiendo.

La terraza estaba rodeada por una barandilla y adornada, en su base, con jardineras de arbustos y flores.


Nos sentamos las tres en una de las mesas y, al poco, nos atendió un camarero con la sal y simpatía de buen andaluz.

Nos aconsejó probásemos el queso Payoyo (es un queso de cabra que se elabora en la Serranía de Villaluenga, muy cremoso y sabroso) sobre una crema de puerros y beicon, las croquetas de bacalao sobre un fondo de salmorejo templado y las albóndigas de secreto de cerdo con patatas fritas y una reducción de vino de Jerez.


Comimos fenomenal picoteando un poco de todo.


Pero… pese a que estábamos charlando animadamente, de pronto, como si de una fuerza mayor se tratase, me obligó a levantar la cabeza y mirar de frente.


Me encontré con unos ojos negros, muy negros y pequeños, pertenecían a una cara extraña, triangular, se parecía a un pájaro, tenía la nariz afilada y su mentón acababa en punta.


La cabeza reposaba sobre un brazo que tenía apoyado en la barandilla. Era una mujer rara.


No logré saber a quién miraba pues, en una mesa colocada casi pegando a la barandilla, tomaba café una pareja de enamorados.

¿Me miraba a mí o a ellos? Aquellos ojos parecían no tener párpados, no la he visto pestañear.


Ignoro que sensación habrá tenido aquella pareja al tenerla tan cerca, pero yo me sentía incómoda, no hay nada que me intimide más, que una mirada inexpresiva y tan insistente.

Intenté seguir hablando con mis hijas y olvidarme de la atracción de aquellos ojos, al poco… ¡que liberación! Había desaparecido.


Pero al rato… vuelvo a sentir, a notar ¡qué se yo! no logro analizar aquella sensación, pero supe que tenía unos ojos clavados en mi hombro. Me hicieron girar la cabeza hacia la derecha y… allí estaba, como colgada de dos muletas y sin pestañear.


Mis hijas no se habían dado cuenta. Abrí mi bolso, le di un euro a Pi y le dije que se lo diera a la señora que estaba cerca de mí. Se levantó, fue hacia ella y ni siquiera le dio las gracias.


Mi sorpresa fue grande al ver que no se marchaba.


Al poco, oí al camarero, el que nos estaba atendiendo, hablar con ella, era un monólogo, bromeaba.


No me atreví a volver la cabeza, pero mis hijas me dijeron que, hasta que el camarero no le dio una botella de agua, no se movió del sitio.


Me imagino que los camareros, con solo verla, sabían lo que quería.

Después, tuve tiempo para pensar en ella, comprendí que la vida no la había tratado nada bien y me dio pena, mucha pena.


Quizás, sin darse cuenta, me dejó un mensaje: VALORA LO QUE TIENES.


Madre ¿tú que piensas?


Y ahora me estoy dando cuenta de que pronto vendrá el DIA DE TODOS LOS SANTOS, ya sabes que no faltaré.

Un baile de ramas
Movidas por el viento
Sembraron las calles
De muerte, hecha hojas
Guardando un lamento.

Siento que esas hojas
Al quedar aisladas
De esa rama madre
Que era su sustento,
Se encuentren perdidas
Y a merced del viento.

Y hoy que mis pisadas
Arrastran la alfombra
Que dejó el viento,
Quisiera ser hoja
Para volar alto
E ir a tu encuentro.

En mi carta anterior, tuve un comentario de una amiga, Lyliam, me pedía que hiciese algo para un día de fiesta.


Se me ocurrió hacer un pastel salado recordando el que comimos en Navidad hace unos cuantos años. Cuando leas la receta, te darás cuenta de cual es.

INGREDIENTES: Un paquete de hojas de espinacas, una coliflor pequeña, dos o tres zanahorias, 6 huevos, medio litro de nata líquida, 700 gramos de gambones o langostinos, mantequilla y pan rallado para untar el molde.


Para decorar, tomate frito y lechuga picada.




PREPARACIÓN:


1- Cortar la coliflor en ramilletes pequeños, cocerla durante 15 minutos en agua con sal. Escurrir y reservar.




2- Cocer las espinacas en agua hirviendo con un poco de sal, dejarlas 3 minutos. Escurrir muy bien y reservar.
  
 
3- Cocer las zanahorias hasta que estén tiernas, cortar en rodajas y reservarlas escurridas.


4- Pelar los gambones o langostinos, reservar las colas y dejar algunos sin pelar para la decoración.


5- Preparar el molde (deberá ser rectangular, alto y estrecho, como los que se utilizan para hacer un keique) untándolo primero con mantequilla derretida y después con pan rallado. Reservar.


6- Poner en un bol los 6 huevos, las espinacas muy bien escurridas y el medio litro de nata. Triturar y reservar.



7- Poner en el fondo del molde una parte del batido de espinacas.



8- Colocar encima ramilletes de coliflor y zanahoria en rodajas. Cubriendo toda la superficie.



9- Cubrir con batido de espinacas y nata.

10- Distribuir los gambones encima y si el molde lo permitiese, por su altura, repetir las capas, siempre se tiene que finalizar echando batido de espinacas.


11- Meter este molde en otro recipiente rectangular y mayor, ponerle agua en el fondo (baño maría) y con el horno precalentado a 180 grados, introducirlo en él hasta que esté completamente cuajado, más o menos, tardará una hora. Para saber si está en su punto, meter el palo de una brocheta o un cuchillo, si sale seco, es el momento de retirarlo del horno.

12- Dejar templar, desmoldar y decorar a gusto.



Hoy también se ha prolongado la carta, pero el pastel lo merece, está buenísimo y si se sirve frío, se puede hacer de un día para otro.


Ahora si que me despido hasta la próxima semana.


Te mando cariños muy especiales en un fuerte abrazo. Ya sabes que iré a verte el día 1.

Más abrazos.


                       Kasioles