Seguidores

viernes, 26 de octubre de 2012

PASTEL DE VERDURAS Y GAMBONES.


Querida madre: Como te prometí, voy a seguir contándote nuestro viaje.

Tu nieto Willi, buen conocedor de gran parte del Sur, nos aconsejó que fuésemos a comer al restaurante Gallo Azul que está en la calle Larga.


En Jerez, es fácil encontrar esa calle, pronto estuvimos delante de un restaurante que tenía una gran terraza. Por la hora que era, un poco tarde, no había mucha gente comiendo.

La terraza estaba rodeada por una barandilla y adornada, en su base, con jardineras de arbustos y flores.


Nos sentamos las tres en una de las mesas y, al poco, nos atendió un camarero con la sal y simpatía de buen andaluz.

Nos aconsejó probásemos el queso Payoyo (es un queso de cabra que se elabora en la Serranía de Villaluenga, muy cremoso y sabroso) sobre una crema de puerros y beicon, las croquetas de bacalao sobre un fondo de salmorejo templado y las albóndigas de secreto de cerdo con patatas fritas y una reducción de vino de Jerez.


Comimos fenomenal picoteando un poco de todo.


Pero… pese a que estábamos charlando animadamente, de pronto, como si de una fuerza mayor se tratase, me obligó a levantar la cabeza y mirar de frente.


Me encontré con unos ojos negros, muy negros y pequeños, pertenecían a una cara extraña, triangular, se parecía a un pájaro, tenía la nariz afilada y su mentón acababa en punta.


La cabeza reposaba sobre un brazo que tenía apoyado en la barandilla. Era una mujer rara.


No logré saber a quién miraba pues, en una mesa colocada casi pegando a la barandilla, tomaba café una pareja de enamorados.

¿Me miraba a mí o a ellos? Aquellos ojos parecían no tener párpados, no la he visto pestañear.


Ignoro que sensación habrá tenido aquella pareja al tenerla tan cerca, pero yo me sentía incómoda, no hay nada que me intimide más, que una mirada inexpresiva y tan insistente.

Intenté seguir hablando con mis hijas y olvidarme de la atracción de aquellos ojos, al poco… ¡que liberación! Había desaparecido.


Pero al rato… vuelvo a sentir, a notar ¡qué se yo! no logro analizar aquella sensación, pero supe que tenía unos ojos clavados en mi hombro. Me hicieron girar la cabeza hacia la derecha y… allí estaba, como colgada de dos muletas y sin pestañear.


Mis hijas no se habían dado cuenta. Abrí mi bolso, le di un euro a Pi y le dije que se lo diera a la señora que estaba cerca de mí. Se levantó, fue hacia ella y ni siquiera le dio las gracias.


Mi sorpresa fue grande al ver que no se marchaba.


Al poco, oí al camarero, el que nos estaba atendiendo, hablar con ella, era un monólogo, bromeaba.


No me atreví a volver la cabeza, pero mis hijas me dijeron que, hasta que el camarero no le dio una botella de agua, no se movió del sitio.


Me imagino que los camareros, con solo verla, sabían lo que quería.

Después, tuve tiempo para pensar en ella, comprendí que la vida no la había tratado nada bien y me dio pena, mucha pena.


Quizás, sin darse cuenta, me dejó un mensaje: VALORA LO QUE TIENES.


Madre ¿tú que piensas?


Y ahora me estoy dando cuenta de que pronto vendrá el DIA DE TODOS LOS SANTOS, ya sabes que no faltaré.

Un baile de ramas
Movidas por el viento
Sembraron las calles
De muerte, hecha hojas
Guardando un lamento.

Siento que esas hojas
Al quedar aisladas
De esa rama madre
Que era su sustento,
Se encuentren perdidas
Y a merced del viento.

Y hoy que mis pisadas
Arrastran la alfombra
Que dejó el viento,
Quisiera ser hoja
Para volar alto
E ir a tu encuentro.

En mi carta anterior, tuve un comentario de una amiga, Lyliam, me pedía que hiciese algo para un día de fiesta.


Se me ocurrió hacer un pastel salado recordando el que comimos en Navidad hace unos cuantos años. Cuando leas la receta, te darás cuenta de cual es.

INGREDIENTES: Un paquete de hojas de espinacas, una coliflor pequeña, dos o tres zanahorias, 6 huevos, medio litro de nata líquida, 700 gramos de gambones o langostinos, mantequilla y pan rallado para untar el molde.


Para decorar, tomate frito y lechuga picada.




PREPARACIÓN:


1- Cortar la coliflor en ramilletes pequeños, cocerla durante 15 minutos en agua con sal. Escurrir y reservar.




2- Cocer las espinacas en agua hirviendo con un poco de sal, dejarlas 3 minutos. Escurrir muy bien y reservar.
  
 
3- Cocer las zanahorias hasta que estén tiernas, cortar en rodajas y reservarlas escurridas.


4- Pelar los gambones o langostinos, reservar las colas y dejar algunos sin pelar para la decoración.


5- Preparar el molde (deberá ser rectangular, alto y estrecho, como los que se utilizan para hacer un keique) untándolo primero con mantequilla derretida y después con pan rallado. Reservar.


6- Poner en un bol los 6 huevos, las espinacas muy bien escurridas y el medio litro de nata. Triturar y reservar.



7- Poner en el fondo del molde una parte del batido de espinacas.



8- Colocar encima ramilletes de coliflor y zanahoria en rodajas. Cubriendo toda la superficie.



9- Cubrir con batido de espinacas y nata.

10- Distribuir los gambones encima y si el molde lo permitiese, por su altura, repetir las capas, siempre se tiene que finalizar echando batido de espinacas.


11- Meter este molde en otro recipiente rectangular y mayor, ponerle agua en el fondo (baño maría) y con el horno precalentado a 180 grados, introducirlo en él hasta que esté completamente cuajado, más o menos, tardará una hora. Para saber si está en su punto, meter el palo de una brocheta o un cuchillo, si sale seco, es el momento de retirarlo del horno.

12- Dejar templar, desmoldar y decorar a gusto.



Hoy también se ha prolongado la carta, pero el pastel lo merece, está buenísimo y si se sirve frío, se puede hacer de un día para otro.


Ahora si que me despido hasta la próxima semana.


Te mando cariños muy especiales en un fuerte abrazo. Ya sabes que iré a verte el día 1.

Más abrazos.


                       Kasioles

viernes, 19 de octubre de 2012

TORTILLA DE JAMÓN SOBRE TOSTA DE PAN CON TOMATE.

Querida madre: El día 10 hemos salido de viaje ¡cuánto he sentido que Anthony no pudiese acompañarnos!

Después de pasar una noche en Madrid, al día siguiente emprendimos viaje a Jerez de la Frontera.

Máriel tenía una boda en Málaga y nos animó a Pi y a mí (ya que su padre no podía venir) para que viajásemos con ella.

No había mucho tráfico en la carretera. El sol quería asomar entre los nubarrones que presagiaban lluvia.

A media mañana, hicimos un alto en el camino, cogimos la primera desviación que vimos y nos llevó a Bailén. Nos paramos en un restaurante que está al pie de la carretera: Rte San José, tiene un olivo a la entrada y estaba lleno de aceitunas, nos recomendaron que probásemos la tortilla de la casa.

Al poco, nos sirvieron en un pan recién horneado y regado con tomate triturado, una tortilla francesa con tropezones de jamón. Yo no sé si tendría algo que ver con esa hipoglucemia que suele aparecer pasadas las once de la mañana, pero el caso es que, aquella tortilla, tenía un algo especial, estaba deliciosa, su color, aroma y sabor, eran dignos de los más exigentes paladares.

Al atravesar Sevilla, me acordé de Manolo, sería una buena ocasión para hacer una parada y poderlo conocer, pero no disponíamos de tiempo, otra vez será.

Estando ya en Jerez, voy a contarte una anécdota que me ha pasado:

Estábamos sentadas en la Plaza del Arenal, al poco, se nos acercó una señora, relativamente joven, preguntaba si nos gustaba escribir y leer. Mis dos hijas, casi a la vez, dijeron: ¡A mi madre le encanta!

La señora se me acercó y dijo: ¿me podría ayudar? Estoy mal de la cabeza, soy bipolar ¿sabe lo que es eso? Más o menos, le contesté, seguramente Vd tendrá unos días con un optimismo desbordante y otros, en los que se sienta sumida en la más profunda tristeza ¡Eso, eso es! Me dijo.

Llevaba en la mano unos cuantos folios en los que había algo impreso. Qué escribe prosa o verso, le pregunté, pero no me contestó, buscó y rebuscó entre sus papeles y me dio una poesía, le di unas cuantas monedas y me sonrió agradecida.

Pero no se marchó, seguía a mi lado y me preguntó ¿qué le parece?

Sólo me había dado tiempo a leer las cuatro primeras estrofas y le comenté que intuía que había en su vida un amor pero, al mismo tiempo, sus versos reflejaban una gran tristeza ¿sería correspondida?

Me escuchó atentamente y volvió a decirme:

¡Repítemelo otra vez! ¡Qué bonito hablas!

En lo que llevo de vida, es la primera vez que alguien me ofrece una poesía a cambio de unas monedas, me ha parecido muy tierno, es algo que siempre recordaré.

Madre, tu hija es una “hablona”( como dice mi nieto más pequeño) y esta carta se está extendiendo demasiado, prometo seguirte contando más cosas en la próxima.

En los días que he estado en Málaga, te hemos mencionado en cantidad de veces, años atrás nos lo habíamos pasado fenomenal. Paseando por la calle Larios, recordaba y recordaba, seguro que en aquel paseo, aún quedarán algunas huellas de tus pisadas.

Entre nosotras, Málaga, sin estar tú, no me ha parecido tan bonita.

Antes de meterme en la cocina, quiero que Anthony sepa lo mucho que le he echado en falta

Hoy más que nunca, mi amor
Necesito tu cariño
¡Cuánto no daría yo
porque estuvieras conmigo!

Necesito ese, tu abrazo
Y el calor de esos, tus mimos
Necesito el gran amor
De cuando nos conocimos.

Hoy siento que la nostalgia
Se recrea en mis sentidos
Sabe que me vuelvo loca
Al no tenerte conmigo.


Voy a intentar hacer esa tortilla, algún truquillo debe tener para que tuviera ese sabor tan especial.

INGREDIENTES: Un bollo de pan fresco, dos huevos, una loncha de jamón serrano (no muy fina) un poco de aceite de oliva virgen extra, uno o dos tomates bien maduros y sal.



PREPARACIÓN:

1- Partir el bollo de pan en dos mitades. Ayudados con un pincel, pintar la superficie con un buen aceite de oliva y meter en el horno, poniendo el gratinador, para que se tuesten un poco. Reservar.

2- Batir los dos huevos y trocear la loncha de jamón. Reservar.



3- Poner una sartén sobre el fuego con unas gotas de aceite, dejar calentar y añadir el jamón troceado, cuando empieza a estar transparente, añadir los huevos batidos, remover para doblar y hacer una tortilla francesa. Reservar.



4- Rallar uno o dos tomates (según tamaño) bien maduros, ponerlos en un cuenco pequeño, añadirles sal y un poco de aceite de oliva virgen, remover y reservar.


5- Untar los panes con el tomate rallado, colocar encima la tortilla y empezar a probar ese bocadito de cielo.


 
Y ahora si que doy por finalizada esta carta, te deseo todo lo mejor y, para contribuir a ello, te mando montones de abrazos con mis cariños.

                                 Kasioles



viernes, 5 de octubre de 2012

PARA GALA, CELEBRANDO SU RECUPERACIÓN: TARTA DE REQUESÓN CON MELOCOTONES.


Querida madre: Esta semana quiero mandarte otra de las cartas que ya tenía escritas, empieza así:


¡Al fin ya se han pasado las fiestas de aquí!


No quería pensar en ellas, pero cada día, venían a mi memoria otros tiempos en los que he disfrutado mucho.


Volví al campo, allí, “lejos del mundanal ruido” creí sentirme mucho mejor, lo he logrado a medias.


Por suerte, a partir del viernes, todo cambió. Vino a vernos Willi con su familia y nos ha alegrado el fin de semana. Marieta, después de pasar las vacaciones con sus otros abuelos, en la playa, ha vuelto morenita y muy alta ¡qué linda es!


Siento, madre, que no la hayas llegado a conocer, nació una semana antes de tu partida y, recuerdo, como si fuese hoy, que la trajeron para despedirte con tan solo siete días.


Marieta ya ha cumplido cinco años, entra en 3º de infantil, ya lee y es muy espabilada. Lo que siento es que se haya perdido tu cariño y no tenga, grabado en su corazón, el calor de tu abrazo.


Pero voy a cambiar de tema, mi nueva etapa de vida tiene que ser mucho más positiva respecto a ti, no habrá lágrimas.


A través de la terraza, estoy viendo a una pareja de jóvenes unidos por un abrazo, van caminando paralelos a la valla y siguen el camino que les llevará al río.


Voy a dejar volar mi imaginación y retrocedo muchos, pero muchos años atrás. Vamos a recordar juntas, mi primera y única experiencia de amor:


Aún guardo en mi memoria
Aquél puro amor, intenso
Y al poco de conocerlo…
Se marchó, dejad que pienso.


Mas, pronto, tuve noticias
El recordaba el encuentro
Nos vimos sólo tres días
Que nunca borró el tiempo.


Sus cartas, no muy extensas
Me hicieron imaginar
A un hombre enamorado
Que quería recordar.


Aquellos días, las horas
En que nos vimos los dos
Pese a que hablamos muy poco
Algo mágico nació.


El tiempo se fue pasando
Y yo cartas escribía
Mi amor iba en aumento
Cada día y día a día.


Le subí a un pedestal
Le idealicé en mis sueños
No hacía más que pensar
En mi trocito de cielo.


Pasó el tiempo y, un día…
De pronto, me vino a ver
Me quedé, madre querida
Prendada de amor por él.



Desde ese día, hicimos nuestras, las canciones de LA BARCA y EL RELOJ, muy populares en aquél entonces, nos prometimos que la distancia no iba a ser obstáculo para nuestro amor.


Otro día contaré más.


Antes de acabar esta carta, quiero hacer una tarta para festejar que nuestra conocida y querida amiga Rebeca (Galatea) ya está en casa y se recupera favorablemente.


TARTA DE REQUESÓN CON MELOCOTONES:


INGREDIENTES: 300 gramos de requesón, seis melocotones, un bote de 400 gramos de leche condensada (el pequeño), tres bollos de leche (unos 130 gramos aproximadamente) 40 grs de mantequilla y otros 40 de pasas de Corinto, un poco de vino dulce para remojarlas, tres huevos, las ralladuras de la piel de un limón y para decorar, mermelada de melocotón, hojas de menta y unas guindas.


He utilizado un molde de aro, desmontable, de 25 centímetros de diámetro.


PREPARACIÓN:


1- Poner a remojar las pasas en vino dulce, sirve agua.



2- En un bol, echar el requesón en trozos, la leche condensada, los bollos de leche desmenuzados, los tres huevos y unos 30 gramos de mantequilla ablandada.


3- Triturar todo con ayuda de un minipimer hasta formar una crema.


4- Añadirle las ralladuras de la piel de un limón y las pasas bien escurridas.



5- Mezclar con cuidado.


6- Preparar un molde untándolo con mantequilla derretida (sirve aceite) y espolvorear con harina, sacudir el molde para que suelte la sobrante.


7- Echar en él la crema preparada. Reservar.


8- Pelar los melocotones, cortarlos en gajos e ir colocándolos, de dentro hacia fuera, sobre la crema que tenemos reservada en el molde.



9- Con el horno precalentado a 180 grados, meter la tarta en la parte baja, esto evitará que se queme la superficie, dejar hacer unos 50 minutos.


10- Retirar del horno y decorar con mermelada de melocotón (aligerada con un poco de agua y azúcar), unas guindas, hojas de menta etc.


Deseo, de corazón, que esta tarta guste y haga disfrutar a mi amiga Gala, siento el no poder estar más cerca de ella, con gusto se la llevaría a su casa.


Y ya, madre mía, no me queda más que despedirme, ya sabes que intentaré volver puntual la próxima semana.


Te dejo todo mi cariño en un abrazo muy especial.


                               Kasioles

viernes, 28 de septiembre de 2012

GRATINADO DE FRUTOS ROJOS CON HELADO


Querida madre: ¿Te das cuenta? tan solo una semana después de dar vacaciones a mi blog (en Junio) escribí algo para ti al recordar tu aniversario. Tenía olvidada esa carta, pero, uno de los días que fuimos al chalé, la rescaté entre otras que también te he escrito. Dice así:



Siempre temo que llegue este día.


En cantidad de ocasiones no sé el día en que estoy , pero ¿creerás que siempre que llega éste me tengo que acordar?


Y, si te digo la verdad, casi preferiría que se me pasara desapercibido.


Una fuerza mayor me hace revivir los últimos momentos que pasé contigo. Recuerdo, como si fuese ayer, las palabras que te dije: Eres la mejor madre del mundo, no tengas miedo, a mi lado…


Como verás, pese a haber dejado el blog, yo no puedo pasar sin escribirte ¿qué pretendo al hacerlo?


Hay quien me dice que estoy fomentando tu recuerdo, que escribiéndote, no lograré liberarme ni olvidarte y será un obstáculo para seguir con mi vida y mi futuro.

Otros, por el contrario, opinan que es un medio extraordinario para liberar sentimientos.


Si me lo preguntan a mí, les diría que escribiendo y aún sin hacerlo, siempre estarás conmigo y que, pese a que a veces, no pueda remediar el que mis ojos se humedezcan, no por eso dejo de reír, de querer y de volcarme con los que me rodean cuando me piden ayuda o consejo.


Tú, madre mía, has sido lo más maravilloso que me ha podido ocurrir en la vida y, aunque me lo propusiera, no podría olvidarte.


Desde ese otro mundo paralelo, estoy convencida de que sigues estando a mi lado y guías mis pasos. Llego a la conclusión de que el amor de una buena madre es eterno.


Te deseo que tengas un buen día, descansa tranquila y en paz. Tu hija sonríe porque ha tenido la dicha de tenerte, de sentir tu abrazo y, todavía guarda, en el fondo de su corazón, el rescoldo de ese amor incondicional que, con tu entrega, has logrado grabar a fuego en su corazón. Gracias, madre mía, por todo lo que me has dado.


Ahora recuerdo lo mucho que te gustaba todo lo dulce.


Hoy haré para ti algo especial: GRATINADO DE FRUTOS DEL BOSQUE CON HELADO DE VAINILLA.


INGREDIENTES: Frutos rojos variados, yo he utilizado los que he podido encontrar: un racimo de uvas negras, un paquete de arándanos deshidratados, y una bandeja pequeña de frambuesas.


También se necesitarán 60 grs de mantequilla, un vaso o algo más (de los de vino) de vinagre de Módena o vinagre balsámico, 125 grs de azúcar, helado de nata o vainilla y tantas rodajas de piña como número de comensales tengamos.


PREPARACIÓN:


1- Poner a hidratar en agua templada con un poco de brandy, los arándanos. Cuando estén, escurrir y reservar.


2- Poner una sartén sobre el fuego, añadir el azúcar, echar unas gotas de agua y hacer un caramelo de color oscuro, con cuidado de que no se queme.


3- Añadir el vinagre balsámico y remover despacio, dejar que reduzca un buen rato sobre el fuego.
 



4- Separar la sartén del foco de calor y añadir la mantequilla en un trozo, remover, poco a poco se irá fundiendo y la reducción cogerá un tono brillante.


5- Volver a poner la sartén sobre fuego medio, añadir las frutas troceadas (yo sólo partí las uvas y aproveché para sacarle las pepitas) dejar hacer hasta que la fruta esté blanda.



6- Presentación: Poner en un plato una rodaja de piña bien escurrida, en su centro, una bola de helado de vainilla y, al lado, un montoncito de frutas rojas, salsear y disfrutad del conjunto.


Deseo que te guste este postre, en él quiero enviarte todo mi cariño con un fuerte abrazo.



                                        Kasioles

viernes, 21 de septiembre de 2012

BIZCOCHO RAPIDO DE CHOCOLATE

Querida madre: Hoy voy a enviarte una carta atrasada, la escribí al mes siguiente de mis VACACIONES. Era un atardecer de Julio cuando el sol, escondiéndose por el Oeste, pintaba el cielo de tonos rojizos. Dice así:

MADRE

Ya sé que llevo semanas sin escribirte, todavía no sé muy bien lo que me ha pasado, ni yo misma puedo entenderlo, pero tú bien sabes lo mucho que hemos hablado en todo este tiempo.

No he dejado, ni un solo día, de imaginarte a mi lado, sabes todo lo que hago, siempre te lo estoy contando.

Entre idas y venidas, el mes de Julio casi se está acabando, tú sabes que los veranos, siempre se me hacen largos.

Pero le temo a Septiembre ¡qué mal mes en mi pasado! El recuerdo de ese día, aún me sigue atormentando.

Y los días pasan lentos y se acumulan en años, en ocasiones yo pienso, lo que viví en el pasado.

¡Qué dichosa me he sentido! ¡Cuánto amor me habéis dado! No te extrañes, madre mía, que os siga necesitando.

Despierta durante el día y por las noches soñando, acuden a mi memoria, bellos momentos de antaño.

Madre, se me rompe el corazón con tan solo recordarlo, yo quisiera ser más fuerte y afrontar lo ya pasado.

Sabes madre que lo intento, sabes que sigo intentándolo, sabes que quiero evadir, la pena que me está matando.

Después de días aquí, en el campo y con buen sol, por momentos he sentido, renacer otra ilusión.

Mis nietos me acompañaban, sus risas eran canción, son la alegría viviente, que me llena de emoción.

Y en cuanto a mis amig@s, no sé lo que debo hacer, a veces me entra tristeza y digo: No volveré.

Pero otras… les recuerdo, les he cogido cariño, ellos han sido mi apoyo y me arroparon con mimo.

Días tengo para pensar, las dudas solucionaré, pero a ti, madre del alma, yo nunca te dejaré.

Y como lo prometido es deuda, hoy si que voy a mandarte la receta de esa especie de tarta-bizcocho que según mis nietos está chupada de hacer, es decir, facilísima.

También quiero compartirla con M. J. M y A. Este último será el maestro en la cocina y el resto serán sus alumnos.

Chicos ¡manos a la obra!

INGREDIENTES: Un huevo, 4 cucharadas de harina (yo utilicé una que es especial para hacer bizcochos, pero sirve cualquiera) y otro tanto de azúcar (colmadas), dos cucharadas de cacao en polvo, tres cucharas de aceite, tres de leche, mantequilla para untar el molde y un poco más de leche que utilizaremos para mojar los bizcochos de soletilla que colocaremos alrededor.

Se puede aromatizar a gusto: Con ralladuras de naranja, vainilla o media cucharadita de canela en polvo.

En el caso de utilizar harina normal, se añadirá, mezclada con ella, una cucharadita rasa de levadura en polvo.

PREPARACIÓN: Necesitaremos un molde de cristal o silicona que pueda ir al microondas, el que yo utilicé fue un táper (anglicismo tupper) de cristal de 17 centímetros sin la tapadera. Si doblamos las cantidades de los ingredientes, se puede utilizar otro mayor.

1- Derretir durante 40 segundos, en el microondas, un trocito de mantequilla.

2- Ayudados con un pincel, pintar con la mantequilla derretida las paredes y fondo del molde.

3- Cortar una punta a cada bizcocho de soletilla para que coincidan con la altura del molde.

4- Poner en un cuenco un poco de leche e ir mojando, ligeramente, cada bizcocho sólo por la parte de dentro, es decir la parte plana, con cuidado de que no escurran, se van colocando pegados a la pared circular del recipiente, la parte plana irá hacia dentro. Reservar.

5- En otro cuenco, echar todos los ingredientes, batirlos hasta que quede la mezcla sin grumos, tendrá un color brillante de chocolate.

6- Con mucho cuidado, verter esta mezcla en el molde, intentar que manche lo menos posible los bizcochos.

7- Meter en el microondas de cinco a seis minutos a máxima potencia.

8- Retirar, dejar enfriar bien y desmoldar.

9- Decorar a gusto, con azúcar glas por encima también queda bien.

Nota: El primer bizcocho que hice, cubrí primero el molde con un papel vegetal, pero no hace falta ponerlo, sale igual.

Sólo hay que pintar las paredes y fondo del molde con mantequilla, el resto es como os he explicado.

Mis nietos ya se han comido tres, les encanta.

Es lo ideal para el desayuno o merienda de chicos y mayores, para todos aquellos que amen y disfruten con el chocolate.

A ti, madre, yo sé que te encantaba el chocolate, hoy recordarás aquellas meriendas y desayunos acompañados con ricos churros.

Acabo, pero antes, recibe mis cariños en un fuerte y apretado abrazo.

                 Kasioles

sábado, 15 de septiembre de 2012

EL REGRESO DE KASIOLES


Querida madre: Vuelvo, no podía dejar más tiempo sin escribirte. Mucho hemos hablado en todos estos días que me he tomado de descanso, pero poco te he escrito, algunas cartas tengo sin enviarte, pero carecen de importancia.

He tenido mucho tiempo para reflexionar y he llegado al convencimiento de que estoy en deuda con todos aquellos que nos han seguido y me han apoyado. Han sido de gran ayuda para mí ¿cómo olvidarlos?

Amig@s, os he echado en falta, os he cogido cariño y quiero volver con vosotros. Poco a poco, os haré partícipes de la evolución que ha sufrido mi vida, espero no defraudaros demasiado.

Seguramente, hoy me he levantado viendo la vida de distinta manera, hace un día estupendo, muy pronto ha salido el sol y yo también he notado que hay una nueva luz en mi vida y en mi corazón.

Madre, tu hija se siente como si hubiera crecido, se ha hecho más fuerte.


A partir de ahora y, aunque no te falten mis cartas, te prometo no llorar. Cuando te escriba, te contaré lo más interesante que va ocurriendo en nuestras vidas y así podrás saber de todos nosotros y de lo mucho que te queremos.


No dudes, ni por un momento, que dejarás de formar parte de nuestras conversaciones, pero, cuando hablemos de ti, lo haremos de una manera más relajada, más tranquila, como cuando uno ya ha logrado aceptar aquello que es inevitable.


Me imagino que, cuando recibas esta carta, te llenará de satisfacción, pero tú bien sabes que aún tengo que afrontar más cosas, te prometo que, en poco tiempo, también lograré liberarme de ello, sé que me ayudarás. Lo necesito.


Como cierre de una etapa de mi vida, he escrito algo para ti, creo que te va a gustar, pero, antes de mandártelo, quiero recordarte que nunca, nunca, por mucho tiempo que pase, dejaré de quererte.



EL OCASO DE UN DUELO


Quiero destapar mi vida
Para liberar el alma
Años la llevo prendida
En la pena que me embarga.


Era incapaz de afrontar
El gran trauma que he pasado
Lo traté de disfrazar
Con lo que llevo soñado.


Suspendida de una nube
Viví cerca de una estrella
Me creí, que allá en el cielo
Estaba más cerca de ella.



Pero este gran descanso
Me ha hecho recapacitar
La vida es así de dura
Y la tengo que arrostrar.


El tiempo es un buen sedante
Para suavizar las penas
Mi cariño no ha cambiado
Pero si mi vida entera.


Descansa, madre del alma
Descansa y no tengas pena
Tu hija vuelve a vivir
¡Ya se acabó su condena!


Pensaba enviarte la receta de una tarta muy fácil, también quería compartirla con unos niños que están haciendo sus pinitos en la cocina, lo dejaré para la próxima entrada, no quiero alargar la carta demasiado.


Para terminar, quiero deciros que seguiré destapando sentimientos.


Para ti, madre mía, regreso para mandarte un fuerte abrazo con todo mi cariño.



                          Kasioles