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sábado, 3 de septiembre de 2011

CARRILLERAS DE CERDO AL AROMA DE JEREZ

Querida madre: De nuevo tienes a tu hija escribiéndote. Cada vez se me pasa el tiempo más rápido.

No quiero faltar a nuestra cita de todas las semanas.

Lee con mucha atención lo que voy a contarte:

Un día, uno de esos en que no pones freno a tus sentimientos y buscas consuelo en la persona amiga, le dije, más o menos, que no podía vivir sin él.

Contestó a mi correo rápido, quería ayudarme, y me dijo que llegaría el día en que encontraría la fuerza suficiente para escribirle una carta.

Se han pasado casi tres años y todavía soy incapaz de afrontar la realidad.

Hoy, en otra de tantas noches en las que el sueño no logra cerrar mis ojos, me he decidido a hacerlo.

                                              Amor, amor mío
                             ¡Cuántas veces pronuncio tu nombre!
                            Mi corazón te llama desesperadamente
                                          No contestas
                                         ¡Qué lejos estás!
                                Intento olvidarte, pero no puedo.
                            Tu recuerdo, quedó impreso en mi alma
                            Como un tatuaje sin borrar
                            Me levanto y pienso en ti
                            Si intento distraerme…
                            Algo trae a mi recuerdo
                            Tu imagen, tu dulce sonrisa, tu voz.
                            Tantos años juntos… ¡mi amor!
                            Ya no escucho música
                            Cada nota araña mi alma
                                 y me rompe el corazón.
                            Si salgo…
                            Huyo de los lugares dónde estuvimos los dos.
                            Mi vida está vacía, ya no tengo amor
                           ¿Recuerdas mi mirada enamorada?
                               ¿Y el tono de mi voz?
                               Recuerda, amor,
                               El brillo de mis ojos,
                               Los latidos de mi corazón
                               Y aquél abrazo tan tierno
                           En el que nos fundíamos los dos.
                          Amor, amor mío ¡qué sola estoy!
                          Mas…no importa.
                          Dime ¡ por favor!
                          ¿Qué has visto en ella que no te haya dado yo?


Me desperté sobresaltada, miré a mi lado y Anthony dormía, me sentía liberada de tanto sufrimiento, le abracé, le abracé muy fuerte, abrió los ojos y me dijo: ¿Qué le pasa hoy a mi señora tan de mañana? Mis ojos se llenaron de lágrimas ¡qué mal lo pasé en el sueño! Me había parecido que todo era tan real….

Después de las lágrimas, vinieron las risas de felicidad, Anthony me quería, estaba a mi lado, acariciaba mi pelo y los dos nos fundimos en un fuerte abrazo, tierno, muy tierno.

Como verás, madre, los sueños a veces nos juegan malas pasadas, así que siguiendo el dicho de…”zapatero a tus zapatos”, voy rápido a mi cocina para prepararte la receta de esta semana: CARRILLERAS DE CERDO AL AROMA DE JEREZ.

Comprar un kilo de carrilleras de cerdo. Salpimentarlas y reservar.

Poner una sartén sobre el fuego con aceite, dejar calentar y dorar en él las carrilleras pasadas por harina.

Cuando tienen un bonito color por todas partes, se retiran y reservan.

Colar el aceite, echarlo en una cazuela (no todo), añadir dos o tres dientes de ajo laminados, dejar que tomen color, incorporar una cebolla grande picada, dos puerros en rodajas, tres zanahorias cortadas de igual forma y un pimiento rojo troceado.

Rehogar las verduras, dejar que se pochen un poco, añadir un tomate troceado y aromatizar con una hoja de laurel, un poco de orégano, una ramita de tomillo y otra de romero, se remueve para que se mezclen los sabores y se riega con un buen vino de Jerez seco.

Es el momento de incorporar las carrilleras, rehogarlas con las verduras y cubrirlas con agua o caldo de ave. Poner el punto de sal. Sin prisa, dejar cocer lentamente hasta que la carne esté tierna.

Se sirven acompañadas de su salsa. Si gusta más fina, se triturará con la batidora o se pasará a través del pasapurés.

Como guarnición, podemos cocer un poco de pasta a la que saltearemos en un aceite de hongos con unos ajitos muy picados.

También he preparado esta buena ensalada.

Este plato se puede hacer con antelación, Es apropiado para un domingo o día de fiesta.

Se puede salir, tomar el aperitivo con la persona querida al lado (no sólo pienso en Anthony, me estoy acordando también de ti, madre) y después, al llegar a casita, degustar esta rica comida.

Madre, si te decides a hacerlo, podías invitar a Josep, le gustaba mucho. Cuando lo veas, dale un fuerte abrazo de mi parte.

Parte de tus nietos y biznietos siguen de vacaciones. Estoy deseando que regresen para reunirnos otra vez.

¡Hasta la próxima semana!

Mientras, te mando todo mi cariño en un fuerte abrazo.

                                                                                  Kasioles

sábado, 27 de agosto de 2011

CARBALLIÑO, LA FIESTA DEL PULPO, CON RECETA.

Querida madre: Como te decía en mi carta anterior, Anthony nos había preparado un viaje.

El día 14 ha sido “ A festa do pulpo” en Carballiño, (Orense) y allá nos llevó.

Salimos el sábado, madrugamos, cogimos la carretera de la Coruña y al llegar a la altura de Puebla de Sanabria, Anthony dice: ¿queréis ir a Bragança? Sin esperar respuesta, le vemos que toma la desviación a Portugal. ¡Qué carretera! Además de estrecha, era una sucesión de curvas, así, con ese mismo trazado, recorrimos 40 kms.

Me falto muy poquito para marearme ¡qué mala compañera de viaje soy! Pero cuando creí que…. ¡llegamos a la civilización! Aparcamos el coche y fuimos a recuperar fuerzas tomando un café y algo dulce. Me reanimé. Después se reían, me decían que lo único que tenía era hambre. Algo de razón no les faltaba, casi no había desayunado.

Hicimos alguna foto, allá, a lo lejos, divisamos un castillo: El de Bragança.





La localidad estaba en fiestas, celebraban las jornadas medievales.

 
Anduvimos por unas calles empedradas de color negro, la dificultad para andar por aquellos tramos intransitables, propios de caballerizas, nos permitió ver las estrellas cuando lucía un sol resplandeciente.

Al fin llegamos al castillo. Al entrar en el recinto amurallado, pudimos visitar un mercado medieval. Había de todo: jabones de distintos aromas, hierbas que todo lo curan, aves empleadas en cetrería, ruecas para hilar la lana, tintes para darle color…hasta una catapulta hemos visto.

 





        

Al fondo, se alineaban casetas con productos típicos. De una de ellas salía un olorcillo que abría el apetito.

Nos sentamos en unos bancos, a la sombra, y estuvimos degustando unas patatas cocidas con piel, ensalada y carne de cerdo asado, allí, a nuestro lado, tenían al pobre animal ensartado con un hierro que hacían girar sobre unas brasas para que se fuera dorando por todas partes. Después….

Tuvimos que deshacer el camino pedregoso, a mi hija Pi se le ocurrió la idea de descalzarse, ya ni lo intentó, aquellas piedras ardían, el calor del sol permitía freír un huevo en ellas.

Ya en el coche, emprendimos viaje a Carballiño.

Llegamos al anochecer, pero aún nos tocó dar unas cuantas vueltas hasta encontrar la casa rural que Anthony había reservado.

La casa Anxeliña, que así se llamaba, estaba perdida a tres kilómetros por una carretera hecha por un borracho, curvas peraltadas se sucedían unas tras otras, a los lados, como señores de la noche, expectantes, había nogales, castaños y eucaliptos.

Cuando ya pensábamos que nos habíamos perdido, descubrimos en el tronco de un árbol un indicador con una flecha a la izquierda: Casa Anxeliña.






Torcimos por un caminito en pendiente, dejamos a la derecha una fuente con un chorro continuo de agua y a la izquierda un hórreo (se utiliza para guardar el grano, está hecho de madera y apoyado en pilares de piedra, es típico de Galicia y Asturias), al fondo, había varios coches aparcados y una casa.

Suspiramos ¡habíamos llegado! Yo creo que estábamos tan contentos como los niños del cuento que encontraron la casita de chocolate.

Una señora nos abrió la puerta y nos recibió con una franca y dulce sonrisa, era Carolina, la dueña de ese remanso de paz.

Nos encantó la entrada, el jardín con piscina y el trato dispensado.

Esa noche no nos movimos de allí. Cenamos en un amplío comedor que tienen en el piso de arriba y refrescándonos con un vinillo blanco, típico de la tierra, degustamos un picoteo variado de los productos más característicos de Galicia.

Al día siguiente…. A festa do pulpo.

Bajamos a Carballino. Ya de mañana, el pueblo estaba de lo más animado, cantidad de gente se había dado cita allí. Es que el olor del pulpo… atrae hasta los paladares más exigentes. Prueba de ello, es que el líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, también se apuntó al evento.

Pero la fiesta se centraba en el Parque Municipal de Carballiño, un espacio enorme lleno de vegetación natural.

A ambos lados de la entrada, había casetas, se sucedían unas a otras formando un largo cinturón, allí se vendía de todo.

Íbamos como en procesión, las prisas no entraban en el programa.

Madre, yo me imaginaba que venías a mi lado, tenía miedo a perderte entre tanta multitud y te cogía de la mano ¡tu cálida mano! Quise invitarte a una filloa (es una especie de crep, muy típica de Galicia) y las dos guardamos la enorme cola par a degustar la oblea, al final me has dicho que las que yo te hacía estaban mejor. Gracias, madre, gracias por tu amor.

Seguimos andando guiados por el olor que desprendían los grandes calderos al cocer cientos de cefalópodos, no exagero, hay que estar ahí para entenderlo.

Te mando fotos que hemos sacado. Tuvimos suerte y encontramos un hueco en un banco, bajo los árboles, Anthony nos trajo pulpo, empanada, carne a o caldeiro (es falda de ternera cocida con patatas) y ese vinillo blanco, tan rico, de Ribeiro, típico de esas tierras.

Encargamos unos pulpos para llevar. Nos los prepararon sumergidos en el agua de la cocción. Compramos pan de Cea, el típico vino y empanada de bacalao.
Llamamos a nuestros hijos, les dijimos que nos reuniríamos en el chalé a cenar, que llevábamos de todo.

Me ayudaron a poner la mesa.


Mientras, eché el agua de los pulpos en un puchero, la llevé a ebullición, añadí una patata por persona, entera y pelada, dejé cocer unos 30 minutos, retiré, escurrí y coloqué en una fuente cortándolas en rodajas gruesas, las espolvoreé con sal gorda y pimentón dulce.


















Cada tentáculo del pulpo, y con ayuda de una buena tijera, se va cortando en rodajas no muy gordas, se sirve en platos de madera, se aliña con sal gorda, pimentón picante o dulce, a gusto y un buen chorro del mejor aceite de oliva que se tenga.


Madre, excuso decirte que me encantaría estuvieras con nosotros para haberlo probado ¡cómo te gustaba! No dudo, que en donde estás, haya manjares mucho más deliciosos para degustar.

 
Esta carta se ha alargado mucho, pero ya acabo.

Todos me dicen que te mande, abrazos, besos y miles de cariños ¡hasta los más pequeños se acuerdan de ti! Yo… ¿qué puedo decirte que ya no sepas?

Un abrazo, madre, uno muy fuerte te manda tu hija.


                                                                               Kasioles

sábado, 20 de agosto de 2011

DE TRUJILLO A HERVÁS: EL ALMIREZ

Querida madre: Esta semana se me ha pasado en un abrir y cerrar de ojos ¡qué rápido se va el tiempo!

Según te comentaba en mi carta anterior, Anthony nos tenía preparado un viaje a Carballino, a la feria del pulpo.

Pero no quiero comentarte ahora lo que hemos hecho en ese fin de semana caluroso, movidito y envueltos en los olorosos vapores que desprendían los pulpos al cocer.

Antes, quiero contarte la última parte de nuestras vacaciones en la playa.

De Trujillo, salimos en dirección a Plasencia, pero cogimos la carretera que nos llevaba al Parque Natural de Monfragüe.


Durante 18 kms de curvas muy cerradas, pudimos disfrutar de un paisaje espectacular ¡tenías que haberlo visto! Cantidad de encinas frondosas, alcornoques y enebros, mezclados con matorrales y jaras, cubrían las cimas y laderas de montículos.

Más al fondo, en una gran depresión, se sucedían las encinas. Todo el paisaje está lleno de vegetación, es lo ideal para dar cobijo a cantidad de aves: buitres, águilas, cigüeñas, búhos etc. Todas ellas son especies protegidas.

Nos paramos en el mirador del Salto del Gitano y mi hija Pi hizo unas cuantas fotos.


Para atravesar el embalse de La vid, sobre el río Tajo, se pasa por un puente de madera, pronto nos dimos cuenta que el ir a cámara lenta, era debido a que llevábamos de guía turística a una manada de vacas, nos obligan a contemplar con más detenimiento el paisaje ¡vale la pena! Es precioso.

Como seguíamos al paso de la gallina, mejor dicho, de vaca, a punto estuvimos de perder la paciencia, el atravesar aquél puente se nos hacía interminable.

De pronto, los vaqueros las guiaron hacia una hondonada (parecía que se iban a despeñar bajando como locas por aquellas piedras salpicadas de matorrales) y, aquella masa negra, pues todas eran del mismo color, poco a poco se fue disipando.

Cuando pasamos al lado de uno de los vaqueros, bajé la ventanilla y le pregunté cuántas vacas llevaban, me contestó que eran 520 ¡nunca he visto tanta vaca junta! ¡ ahora me explico lo abonado y perfumado que dejaron el puente!

Antes de llegar a Plasencia, paramos en Hervás. Para llegar hasta allí, hay que recorrer 4 kms del puerto de Honduras ¡me persiguen las curvas!
Pero Hervás es digno de ver, tiene algo especial, debe ser una zona de turismo rural, abundan hoteles, apartamentos, casas rurales y restaurantes. Nos indicaron uno para comer: El Almirez.

¡Bonito sitio! Agradecimos ese comedor fresquito y acogedor.

Como era pronto y éramos los primeros en llegar, nos atendieron con mucho mimo.

No puedo por menos que ensalzar su cocina hecha con esmero, dedicación y cariño.

La cocinera, Luci, propietaria del restaurante, salió a saludarnos, aprovechamos para felicitarla y hacerle una foto.

También sacamos algunas fotos de los platos que llamaron nuestra atención.

La tabla de quesos es espectacular ¡qué buen sabor! Se componía de Torta del Cásar gratinada con orégano, rulo de cabra caramelizado, quesos Ibores, uno más curado, llevaba pimentón y otro era más tierno, también había unos trozos de Quesuco de la Vera ¡deliciosos todos! Los acompañó de una mermelada de rosas rojas, hecha por ella.

La ensalada, con la variedad de ingredientes, era una nota de llamativos colores: lechugas variadas, achicoria, rúcula, tomates cherry, mango y foie, estaba decorada con pensamientos y aliñada con una vinagreta de frambuesas.

No podían faltar las típicas migas, bien elaboradas y sin apenas grasa.

De los postres, destacar una copa de helado servida sobre un enrejado, en forma de cestillo, hecho con hilos de caramelo.

Por este medio, quiero enviarle a Luci, una vez más, mi sincera felicitación.

Su restaurante, es el sitio donde estás invitado a repetir, una vez que lo hayas conocido.

Desde allí, y con el buen sabor de boca que nos ha dejado El Almirez, poco a poco, llegamos a casa ¡Qué felicidad! ¡Vuelta al hogar!

Estos días me toca tener a dos de tus biznietos, su cuidadora está en las fiestas de su pueblo, se ha cogido unos días de vacaciones.

No dispongo de mucho tiempo, por eso no te mando la receta acostumbrada, lo haré la semana próxima.

No quiero acabar sin decirte que, en todos mis viajes, no hubo día que no te recordara, es más, a veces hasta he tenido la sensación de que estabas a mi lado.

Besos, madre, besos y abrazos llenos de cariño son los que te manda tu hija.

                                                                                                                  Kasioles



viernes, 12 de agosto de 2011

LOMO DE CERDO AL HORNO CON AROMA DE JEREZ

Querida madre: Hoy empiezo la carta con un poco de cotilleo.

Verás, uno de los sábados que salimos con la panda de amigos de Anthony, tú los conoces a todos, las señoras solemos hacer muchas veces un grupito aparte, ellos hablan de sus cosas y nosotras cotilleamos ¡qué simplonas!

No recuerdo exactamente como empezó la conversación, pero una de las amigas me hizo una pregunta: ¿Acaso crees que tú quieres más a tu marido que yo al mío?

En un principio, su pregunta me dejó sin saber que contestar, pero…una vez que la hube meditado un poco, le respondí:

Las cosas del querer, Manoli, son muy difíciles de sopesar. Tanto el amor, como los sentimientos, son algo intangible, no puedes ir por ahí preguntando cuántos kilos de amor has dado o cuántos guardas de reserva en la caja fuerte de un banco.
Por otra parte, no creo que el amor sea algo estático, es más, yo diría que envejece como el atardecer y vuelve a renacer con el nuevo día, es como si volviera a brotar, pero, el que lo haga con más o menos fuerza, depende en gran parte de nosotras.

Al amor hay que mimarlo, protegerlo, cuidarlo como a la planta más delicada y sensible, como a un niño recién nacido.

Hay quien quiere y no sabe querer, hay quien ama y no sabe dar.

Si el amor se pudiera medir o pesar, ya no sería amor, sería otra cosa.

Pero… aún sabiendo querer y dando sin limitación, ¡cuidado con el amor! A veces es tan escurridizo y silencioso que se escapa a tomar el sol al alféizar de otra ventana.

Mi última frase no debió de gustarle, rápidamente me preguntó: ¿qué me quieres decir con eso?

Continué: Que conste que no estoy pretendiendo ofender a nadie, lo digo sólo para recordaros y recordarme, que nosotras, por el mero hecho de llevar tantos años al lado de nuestros maridos, podemos, a veces inconscientemente, abandonarlos un poco. Nos acostumbramos a la rutina de todos los días, ellos entran, salen, vuelven del trabajo, a veces cansados, con preocupaciones y sin ganas de hablar, nosotras les dejamos sentados en el sillón sin molestarnos en ahondar más ¡Cuidado!

Hoy quiero veros a todas, cuando lleguéis a casa, sentaros a su lado, abrazarles fuerte, darles un gran besazo y decirles:

Amor, te acuerdas cuando…

Cada una que busque dentro de su cabecita y deje rodar su imaginación….

Como buena amiga, creo les he dejado un buen mensaje, pero cada uno en su casa y de puertas adentro… mejor no meterse.

En la carta anterior te dejé sin receta, hoy no quiero me ocurra lo mismo, ¿qué te parece si hoy te preparo un lomo de cerdo asado

Ahí va: Pedir al carnicero un trozo de lomo de cerdo, de algo más de un kilo, salpimentarlo y aromatizarlo con orégano. Reservar.

En una fuente que pueda ir al horno, echar una cebolla troceada, dos o tres zanahorias cortadas en rodajas, un puerro en aros y unos dientes de ajo laminados. Una vez hecha la cama con las verduras, colocar encima el lomo, regarlo con un poco de aceite de oliva y un buen chorro de vino blanco, mucho mejor, un vino de Jerez seco.

Meter al horno a 200 grados. Pasada media hora, se le da la vuelta y se agregan unas pasas de Corinto, dejar que se siga haciendo otra media hora o algo más, dependiendo de cómo guste de hecha la carne.

Cuando está, se retira del horno, se deja templar y se corta en lonchas.

La salsa se tritura y se reservan algunas pasas para decorar.

Se sirven las lonchas salseadas y se acompañan de una ensalada de lechugas variadas, frutos secos y queso de cabra caramelizado.

Ya me contarás, si la haces, como está de rico.

Anthony nos tiene preparada una sorpresa, no me ha querido decir nada todavía, presiento que es un viaje, le conozco tan bien…sólo quiere que esté contenta y feliz.

Acabo ya, volveré para contarte.

Recibe un montón de besos de todos nosotros, con ellos, va también un fuerte abrazo de tu hija.



                                                Kasioles

domingo, 7 de agosto de 2011

DE REGRESO: UN DÍA EN TRUJILLO

Querida madre: Según te prometí, voy a contarte parte, de la vuelta a casa, tras haber disfrutado de unos días en el Sur.

Pero antes, quiero enviar mi agradecimiento a Sor Cecilia por estos hermosos regalos que me ha enviado con tanto cariño.

Los estoy disfrutando y quiero haceros partícipes de mi alegría.
  


















El día anterior, salimos del apartamento un poco más pronto de lo acostumbrado. Como despedida, pensábamos ir a la playa.

Se notaba que era un día de trabajo, apenas había bañistas y hasta el chiringuito estaba cerrado.

Elegimos un buen sitio cerca del mar, nos tumbamos sobre la arena y el sol acariciaba nuestra piel, de vez en cuando, corría una brisa que facilitaba el que tu hija estuviera feliz respirando ese aire marino.

Las aguas no estaban tranquilas, de vez en cuando, las olas rompían con fuerza en la orilla.

Nadie se bañaba, pero yo no pude remediar la tentación de acercarme a la orilla y dejar que las olas me remojasen.

Anthony, resguardado bajo una sombrilla, leía tranquilamente el periódico.

Se levantó viento y decidimos ir a la piscina de la urbanización.

La habían inaugurado hacía sólo tres días, el agua estaba transparente y el césped de alrededor, muy verde, casi sin pisar.

Aprovechamos para zambullirnos, los cuatro estuvimos un buen rato nadando tranquilamente.

Por la tarde, nos dedicamos a hacer las últimas compras. Ya tenemos un regalo para cada hijo y nieto, guardamos otro para ti.

Cenamos en Barbate, en un restaurante a la orilla del mar. Sentados y acariciados por la brisa, vimos anochecer.

De regreso al apartamento, nos esperaba lo peor: hacer las maletas y acoplar todas las compras que habíamos hecho.

Al día siguiente, salimos en dirección a Trujillo, teníamos reservadas habitaciones en el Palacio de Santa Marta, del siglo XVI, actualmente está restaurado y convertido en hotel, pertenece a la cadena NH.

Seguimos por la autovía de la Ruta de la Plata.

Después de pasar Cádiz, no hemos podido remediar la tentación y nos metimos en Jerez de la Frontera.

Anthony, tiene mucha paciencia con nosotras y, mientras él se tomaba un refresco en una placita donde está el teatro Villamarta, nosotras aprovechamos para entrar en una preciosa tienda de ropa.

Madre ¡cuánto te eché en falta! ¡cómo me hubiese gustado que estuvieras con nosotras! Ya sabes que siempre he buscado y seguido tu opinión, me asesorabas tan bien…. sabías lo que me favorecía y lo que no, nadie como tú me orientará mejor.

Pese a todo, yo mantenía una comunicación contigo, sentía que me decías: eso no te queda bien, me probaba otra cosa y al final, hijas y madre salimos cargadas con bolsas llenas de vestidos y blusones.

Anthony, al vernos, no quería ni mirar ¿dónde íbamos a guardar tantas cosas?

Los coches parecen elásticos, una vez cerrada la puerta….

Hacía mucho calor, la temperatura exterior se acercaba a los 35 grados.

Hicimos más paradas antes de llegar a nuestro destino.

A media tarde, estábamos en Trujillo (Cáceres)

La población está situada sobre una colina y rodeada de una extensa llanura. Tiempo atrás, ha sido un lugar privilegiado para celtas, romanos y árabes.

En el siglo XIII fue conquistada por Fernando III el santo.

Muchos de los descubridores del nuevo mundo, nacieron en Trujillo y a su regreso, con las riquezas traídas, construyeron importantes monumentos que pudimos contemplar.

Trujillo huele a viejo, a antiguo, a arcaico, aún diría más, huele a conquista y reconquista, por algo se conoce a la ciudad como la Cuna de los conquistadores.

Sus calles, empedradas, estrechas y empinadas, no están preparadas para los tacones que hoy en día llevamos las mujeres.

La Plaza Mayor, grande y plana, es un respiro a tanto subir y bajar cuestas. Está presidida por la estatua ecuestre de Francisco de Pizarro, el conquistador de Perú.

En sus lados, hay cantidad de soportales, allí se agrupan restaurante y terrazas protegidos del sol.

Es de estilo renacentista y tiene forma rectangular.

Alrededor se han construido palacios y casas señoriales.

Sentados en una de las terrazas, cenando al aire libre y sin el calor agobiante del día, tuvimos tiempo para contemplar la belleza en piedra de sus monumentos.

Te mando la foto del Palacio de la Conquista, se llama así por el título de Marqueses de la Conquista que se otorgó a la familia Pizarro en premio al descubrimiento.
Otro de los palacios, el de Orellana

 
:
















En un principio fue un edificio militar, lo compró un primo de F. Pizarro y lo transformó en un palacio renacentista. Tiene dos torres, en la de la derecha, puedes apreciar un bonito balcón renacentista y, entre ellas, hay una galería con columnas y capiteles. A esa altura, se pueden apreciar dos escudos, el de los Orellana y el de la familia Pizarro que tiene dos osos y un pino.

En un extremo de la Plaza Mayor, está la iglesia de San Martín, justo detrás de la estatua de F. Pizarro. Tiene dos torres, en una está el campanario y en la otra el reloj.

La fachada que se ve desde la plaza es de estilo renacentista, la otra, conocida por Puerta de las limas, es gótica. No encuentro la foto, no sé en que cámara estará.

Pero si puedo mandarte esta del castillo, la sacó Anthony desde la ventana de la habitación del hotel.

Está situado en la parte alta de la ciudad, tiene torres cuadradas defensivas, dos de ellas protegen la puerta de entrada y una imagen de la Virgen de la Victoria, es la patrona de Trujillo.

Seguíamos sentados en una de las terrazas de la plaza, hacía una noche deliciosa, nos daba pereza movernos de allí, pero estábamos cansados del viaje y de tanto subir y bajar por las estrechas callejas.

Era tarde, al día siguiente continuaríamos viajando, decidimos irnos al hotel, teníamos que dormir.

Continuará….

La carta se me ha alargado, hoy no te mandaré ninguna receta, prometo hacerlo en la próxima semana.

Hasta entonces, recibe un abrazo muy fuerte de tu hija.

                                                                               kasioles