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viernes, 12 de agosto de 2011

LOMO DE CERDO AL HORNO CON AROMA DE JEREZ

Querida madre: Hoy empiezo la carta con un poco de cotilleo.

Verás, uno de los sábados que salimos con la panda de amigos de Anthony, tú los conoces a todos, las señoras solemos hacer muchas veces un grupito aparte, ellos hablan de sus cosas y nosotras cotilleamos ¡qué simplonas!

No recuerdo exactamente como empezó la conversación, pero una de las amigas me hizo una pregunta: ¿Acaso crees que tú quieres más a tu marido que yo al mío?

En un principio, su pregunta me dejó sin saber que contestar, pero…una vez que la hube meditado un poco, le respondí:

Las cosas del querer, Manoli, son muy difíciles de sopesar. Tanto el amor, como los sentimientos, son algo intangible, no puedes ir por ahí preguntando cuántos kilos de amor has dado o cuántos guardas de reserva en la caja fuerte de un banco.
Por otra parte, no creo que el amor sea algo estático, es más, yo diría que envejece como el atardecer y vuelve a renacer con el nuevo día, es como si volviera a brotar, pero, el que lo haga con más o menos fuerza, depende en gran parte de nosotras.

Al amor hay que mimarlo, protegerlo, cuidarlo como a la planta más delicada y sensible, como a un niño recién nacido.

Hay quien quiere y no sabe querer, hay quien ama y no sabe dar.

Si el amor se pudiera medir o pesar, ya no sería amor, sería otra cosa.

Pero… aún sabiendo querer y dando sin limitación, ¡cuidado con el amor! A veces es tan escurridizo y silencioso que se escapa a tomar el sol al alféizar de otra ventana.

Mi última frase no debió de gustarle, rápidamente me preguntó: ¿qué me quieres decir con eso?

Continué: Que conste que no estoy pretendiendo ofender a nadie, lo digo sólo para recordaros y recordarme, que nosotras, por el mero hecho de llevar tantos años al lado de nuestros maridos, podemos, a veces inconscientemente, abandonarlos un poco. Nos acostumbramos a la rutina de todos los días, ellos entran, salen, vuelven del trabajo, a veces cansados, con preocupaciones y sin ganas de hablar, nosotras les dejamos sentados en el sillón sin molestarnos en ahondar más ¡Cuidado!

Hoy quiero veros a todas, cuando lleguéis a casa, sentaros a su lado, abrazarles fuerte, darles un gran besazo y decirles:

Amor, te acuerdas cuando…

Cada una que busque dentro de su cabecita y deje rodar su imaginación….

Como buena amiga, creo les he dejado un buen mensaje, pero cada uno en su casa y de puertas adentro… mejor no meterse.

En la carta anterior te dejé sin receta, hoy no quiero me ocurra lo mismo, ¿qué te parece si hoy te preparo un lomo de cerdo asado

Ahí va: Pedir al carnicero un trozo de lomo de cerdo, de algo más de un kilo, salpimentarlo y aromatizarlo con orégano. Reservar.

En una fuente que pueda ir al horno, echar una cebolla troceada, dos o tres zanahorias cortadas en rodajas, un puerro en aros y unos dientes de ajo laminados. Una vez hecha la cama con las verduras, colocar encima el lomo, regarlo con un poco de aceite de oliva y un buen chorro de vino blanco, mucho mejor, un vino de Jerez seco.

Meter al horno a 200 grados. Pasada media hora, se le da la vuelta y se agregan unas pasas de Corinto, dejar que se siga haciendo otra media hora o algo más, dependiendo de cómo guste de hecha la carne.

Cuando está, se retira del horno, se deja templar y se corta en lonchas.

La salsa se tritura y se reservan algunas pasas para decorar.

Se sirven las lonchas salseadas y se acompañan de una ensalada de lechugas variadas, frutos secos y queso de cabra caramelizado.

Ya me contarás, si la haces, como está de rico.

Anthony nos tiene preparada una sorpresa, no me ha querido decir nada todavía, presiento que es un viaje, le conozco tan bien…sólo quiere que esté contenta y feliz.

Acabo ya, volveré para contarte.

Recibe un montón de besos de todos nosotros, con ellos, va también un fuerte abrazo de tu hija.



                                                Kasioles

domingo, 7 de agosto de 2011

DE REGRESO: UN DÍA EN TRUJILLO

Querida madre: Según te prometí, voy a contarte parte, de la vuelta a casa, tras haber disfrutado de unos días en el Sur.

Pero antes, quiero enviar mi agradecimiento a Sor Cecilia por estos hermosos regalos que me ha enviado con tanto cariño.

Los estoy disfrutando y quiero haceros partícipes de mi alegría.
  


















El día anterior, salimos del apartamento un poco más pronto de lo acostumbrado. Como despedida, pensábamos ir a la playa.

Se notaba que era un día de trabajo, apenas había bañistas y hasta el chiringuito estaba cerrado.

Elegimos un buen sitio cerca del mar, nos tumbamos sobre la arena y el sol acariciaba nuestra piel, de vez en cuando, corría una brisa que facilitaba el que tu hija estuviera feliz respirando ese aire marino.

Las aguas no estaban tranquilas, de vez en cuando, las olas rompían con fuerza en la orilla.

Nadie se bañaba, pero yo no pude remediar la tentación de acercarme a la orilla y dejar que las olas me remojasen.

Anthony, resguardado bajo una sombrilla, leía tranquilamente el periódico.

Se levantó viento y decidimos ir a la piscina de la urbanización.

La habían inaugurado hacía sólo tres días, el agua estaba transparente y el césped de alrededor, muy verde, casi sin pisar.

Aprovechamos para zambullirnos, los cuatro estuvimos un buen rato nadando tranquilamente.

Por la tarde, nos dedicamos a hacer las últimas compras. Ya tenemos un regalo para cada hijo y nieto, guardamos otro para ti.

Cenamos en Barbate, en un restaurante a la orilla del mar. Sentados y acariciados por la brisa, vimos anochecer.

De regreso al apartamento, nos esperaba lo peor: hacer las maletas y acoplar todas las compras que habíamos hecho.

Al día siguiente, salimos en dirección a Trujillo, teníamos reservadas habitaciones en el Palacio de Santa Marta, del siglo XVI, actualmente está restaurado y convertido en hotel, pertenece a la cadena NH.

Seguimos por la autovía de la Ruta de la Plata.

Después de pasar Cádiz, no hemos podido remediar la tentación y nos metimos en Jerez de la Frontera.

Anthony, tiene mucha paciencia con nosotras y, mientras él se tomaba un refresco en una placita donde está el teatro Villamarta, nosotras aprovechamos para entrar en una preciosa tienda de ropa.

Madre ¡cuánto te eché en falta! ¡cómo me hubiese gustado que estuvieras con nosotras! Ya sabes que siempre he buscado y seguido tu opinión, me asesorabas tan bien…. sabías lo que me favorecía y lo que no, nadie como tú me orientará mejor.

Pese a todo, yo mantenía una comunicación contigo, sentía que me decías: eso no te queda bien, me probaba otra cosa y al final, hijas y madre salimos cargadas con bolsas llenas de vestidos y blusones.

Anthony, al vernos, no quería ni mirar ¿dónde íbamos a guardar tantas cosas?

Los coches parecen elásticos, una vez cerrada la puerta….

Hacía mucho calor, la temperatura exterior se acercaba a los 35 grados.

Hicimos más paradas antes de llegar a nuestro destino.

A media tarde, estábamos en Trujillo (Cáceres)

La población está situada sobre una colina y rodeada de una extensa llanura. Tiempo atrás, ha sido un lugar privilegiado para celtas, romanos y árabes.

En el siglo XIII fue conquistada por Fernando III el santo.

Muchos de los descubridores del nuevo mundo, nacieron en Trujillo y a su regreso, con las riquezas traídas, construyeron importantes monumentos que pudimos contemplar.

Trujillo huele a viejo, a antiguo, a arcaico, aún diría más, huele a conquista y reconquista, por algo se conoce a la ciudad como la Cuna de los conquistadores.

Sus calles, empedradas, estrechas y empinadas, no están preparadas para los tacones que hoy en día llevamos las mujeres.

La Plaza Mayor, grande y plana, es un respiro a tanto subir y bajar cuestas. Está presidida por la estatua ecuestre de Francisco de Pizarro, el conquistador de Perú.

En sus lados, hay cantidad de soportales, allí se agrupan restaurante y terrazas protegidos del sol.

Es de estilo renacentista y tiene forma rectangular.

Alrededor se han construido palacios y casas señoriales.

Sentados en una de las terrazas, cenando al aire libre y sin el calor agobiante del día, tuvimos tiempo para contemplar la belleza en piedra de sus monumentos.

Te mando la foto del Palacio de la Conquista, se llama así por el título de Marqueses de la Conquista que se otorgó a la familia Pizarro en premio al descubrimiento.
Otro de los palacios, el de Orellana

 
:
















En un principio fue un edificio militar, lo compró un primo de F. Pizarro y lo transformó en un palacio renacentista. Tiene dos torres, en la de la derecha, puedes apreciar un bonito balcón renacentista y, entre ellas, hay una galería con columnas y capiteles. A esa altura, se pueden apreciar dos escudos, el de los Orellana y el de la familia Pizarro que tiene dos osos y un pino.

En un extremo de la Plaza Mayor, está la iglesia de San Martín, justo detrás de la estatua de F. Pizarro. Tiene dos torres, en una está el campanario y en la otra el reloj.

La fachada que se ve desde la plaza es de estilo renacentista, la otra, conocida por Puerta de las limas, es gótica. No encuentro la foto, no sé en que cámara estará.

Pero si puedo mandarte esta del castillo, la sacó Anthony desde la ventana de la habitación del hotel.

Está situado en la parte alta de la ciudad, tiene torres cuadradas defensivas, dos de ellas protegen la puerta de entrada y una imagen de la Virgen de la Victoria, es la patrona de Trujillo.

Seguíamos sentados en una de las terrazas de la plaza, hacía una noche deliciosa, nos daba pereza movernos de allí, pero estábamos cansados del viaje y de tanto subir y bajar por las estrechas callejas.

Era tarde, al día siguiente continuaríamos viajando, decidimos irnos al hotel, teníamos que dormir.

Continuará….

La carta se me ha alargado, hoy no te mandaré ninguna receta, prometo hacerlo en la próxima semana.

Hasta entonces, recibe un abrazo muy fuerte de tu hija.

                                                                               kasioles

domingo, 31 de julio de 2011

SIEMPRE APETECIBLE: TORTILLA DE CALABACÍN

Querida madre: Según te decía en mi carta anterior, pensábamos viajar aprovechando el puente de Santiago.

Máriel llegó el viernes, se había cogido un día de vacaciones para no tener que regresar el lunes y aguantar todo el atasco que se prepara al regreso.

Llegó acatarrada, más tarde se quedó afónica y no era plan de salir. Decidimos ir al chalé y quedarnos a pasar el fin de semana.

El sábado por la tarde, llegó Sonsoles con su marido y los dos niños.

Cenamos al aire libre, hemos tenido un día estupendo, de esos que te gustaban a ti, cuando la noche era tan apacible que invitaba a que la tertulia se prolongara hasta la madrugada.

Cuando decidieron marcharse, nos llevamos la sorpresa al escuchar a los niños, querían quedarse. Con Laura no tendríamos problema, dentro de poco hará siete años, está alta, espigada, es lista y trabajadora ¡vaya biznieta que tienes!

Pero… ¿qué hacíamos con Alexis? ¡Cuánto siento no llegaras a conocerle! Te recordaré que acaba de hacer tres añitos, es tan lindo y cariñoso….habla mucho, pero todavía necesita chupete para dormir. Como no lo tenía, primero le dijo a su madre que fuese a casa a buscarlo, pero, al insistir sus padres en llevarlo, dijo que ya era mayor, que se quería quedar y que dormiría sin él.

¡Se quedó! Pero dormir…

Como a su tía Pi la quiere mucho, lo metió en la cama, se puso a su lado y le contó el cuento de buenas noches.

Yo les escuchaba, más que un cuento, aquello parecía un coloquio, se oía más a Alexis preguntar, que a su tía narrar la historieta que se estaba inventando.

Tuve tiempo suficiente para acordarme de todo lo que había tirado la semana anterior, con seguridad, entre tantas cosas, habría más de un chupete, pero ya no era hora de lamentaciones.

A las doce de la noche, fui a relevar a mi hija, en ese momento se acordó de que, en uno de los cajones de mi dormitorio, todavía guardaba un mini biberón de cristal, desenroscó la tapadera con la tetina y se la pusimos de chupete ¡qué contento estaba! ¡lástima que su alegría durara tan poco! Al succionar, el aire salía por el agujerito de la tetina y emitía un ligero silbido, no llegó a llorar, pero estaba intranquilo, trataba de tapar el agujero metiendo su diminuto dedo dentro de la tetina, pero tampoco debía convencerle.

Me quedé con él, pactamos en que le contaría un cuento y que luego se dormiría, me pidió dos, accedí.

Acabados los cuentos, mi nieto seguía con los ojos como platos, decía que no estaba cansado y que no tenía sueño.

Traté de hacerme la dormida, se movía, daba vueltas, sacaba y volvía a ponerse el chupete, me revolvía el pelo, en fin, entre chupar y rechupar, oyendo de vez en cuando el silbido del aire al salir de la tetina (hoy bendigo el no haberla tirado) se quedó dormido a las dos de la madrugada.

Cuando regresé a mi dormitorio, Anthony me esperaba con la luz encendida hojeando la revista MUY INTERESANTE. Me sonreía.

Madre, hoy quiero dedicarte este relato, por tu paciencia, por tu comprensión, en una palabra, por ser madre y abuela.

Tampoco puedo olvidar a esas otras tantas madres, abuelas, tías y cuidadoras, que, en silencio, han logrado hacernos una vida más feliz.

Pensaba contarte el final de nuestras vacaciones, de regreso hemos estado en Trujillo, lo haré en la próxima carta, me estoy acordando que todavía tengo que mandarte la receta de la tortilla.

Los calabacines los he cogido de la huerta.

Se necesitan dos patatas, un calabacín lavado y sin pelar, una cebolleta y cinco huevos. Así de simple.

Pelar las patatas, cortarlas en láminas finas, igualmente se hará con el calabacín y la cebolleta la cortaremos en juliana.

Poner todos los ingredientes en un cuenco, mezclarlos, salar, reservar.

En una sartén amplia, poner bastante aceite, dejar calentar, no demasiado, echar todo lo reservado, mantener un fuego moderado, dejar se vayan friendo lentamente las patatas y demás ingredientes.

Cuando veamos que las patatas, junto con el calabacín y la cebolla están brillantes, melosos y tiernos, es hora de retirar la sartén del fuego.

Sobre un cuenco, colocar un colador grande, echar todo el contenido de la sartén en él, dejar que escurra bien el aceite. Reservar el resto.

En otro cuenco, batir los cinco huevos, no demasiado, echar las patatas y sus acompañantes, mezclar.

Volver a poner la sartén sobre el fuego con unas gotas de aceite, dejar calentar bien, volcar el preparado y dejar cuajar, darle la vuelta con ayuda de un plato grande, volver a cuajar por el otro lado. Retirar y servir.

Para los amantes del huevo poco cuajado, esta es la forma idónea, pero como para gustos no hay nada escrito, el que no quiera ver el huevo, tendrá que dejar más tiempo cuajar la tortilla.

La tortilla, hice dos, estaban deliciosas, las acompañé con una ensalada.
Con esto, acabo mi carta por hoy. Sabes que volveré puntual todas las semanas, no puedo pasar sin escribirte ¡cuánto te quiero!

Un abrazo madre, uno y muchos más te mando cada día.

                                                                                  Kasioles

sábado, 23 de julio de 2011

TIRANDO LO ACUMULADO DURANTE AÑOS

Querida madre: ¡Qué rápido se me ha pasado esta semana!

Estamos haciendo limpieza en el garaje del chalé.

Recordarás que, menos al coche, allí dábamos cobijo a todo.
Llega un momento en que hay que dejar los sentimentalismos a un lado y ser prácticos.

Anthony siempre me decía que no guardara, que al final siempre acababa todo en la basura o llevándolo a un punto limpio ¡cuánta razón tiene!

Ahora está feliz haciendo hueco y tirando todo lo que le molesta.

Lucho nos está ayudando, ha hecho dos viajes llevando espejos, alfombras, juguetes, lámparas, en fin, nunca me imaginé que hubiese guardado tantas cosas, es más, ¿cómo podían tener cabida en el garaje? Todavía no me lo puedo explicar.

Dicen que el orden multiplica el espacio pero, a decir verdad, últimamente ya ni orden había.

Dentro de un rato, volveremos al “ataque”. Anthony se está arreglando y yo estoy aprovechando este momento para escribirte.

Me acaba de llamar tu nieto Lucho, me dice que vendrá a ayudarnos.

Willi me ha llamado ayer, lo hace todos los días, le conté que estábamos haciendo limpieza y me recalcó que no tiráramos nada que fuera de él ¡otro que sale a su madre!

Segurísimo que allí encontraremos recuerdos de cuando estudiaba, libros y apuntes no faltarán.

No sé si en todas las casas pasará lo mismo, pero mis hijos, cuando algo no utilizan, saben que el garaje del chalé es elástico y para allá lo llevan, seguro que jamás lo volverán a utilizar, pero allí está, realquilado y con vistas al campo.

En mi carta anterior te prometí que te hablaría de Cádiz.

Recuerdo era un lunes, nos levantamos temprano ya que teníamos que recorrer unos cuantos kilómetros.

Cuando llegamos a la bahía, descubrimos un extenso mercadillo, los puestos, interminables, están colocados paralelos al mar. Se conoce con el nombre de “el piojillo”, allí se vende de todo, hemos visto puestos con caracoles, hierbas aromáticas, aceitunas y otros más típicos con ropa, zapatos, telas etc.

Allí estuvimos poco tiempo, confieso no he podido remediar la tentación y me he comprado un vestido largo, sin tirantes, con gomas y que está muy de actualidad.

Nos alejamos de la bahía y nos dirigimos al centro de Cádiz.

Recorriendo callejas y más callejas, llegamos a una plaza amplia, lleva el mismo nombre que la iglesia ubicada en ella: San Antonio.

En su fachada, todavía se puede contemplar la portada original de estilo barroco, el resto, junto con las torres, fueron remodeladas a mediados del siglo XIX.

Muy cerca está el Ayuntamiento y, en la misma plaza, se encuentra el casino. Tuvimos suerte y hemos podido entrar, ¡qué agradable sorpresa nos hemos llevado! Si no supiera que estábamos en Cádiz, creería que estaba en Granada. La entrada, muy espaciosa, parecía un patio árabe, mira la foto con detenimiento y me darás la razón.

Nos dirigimos a la Plaza de la Mina y allí estuvimos comiendo en una terraza tranquila. Estábamos a la sombra, rodeados de unos árboles que no logré saber su nombre, son altos, con unas hojas un tanto extrañas, parecen esparragueras, pero tienen unas flores de color morado en forma de racimo que me recuerdan a las lilas, a las glicinias, son preciosas.

Hemos comido un atún sobre una base de salmorejo y ajo blanco. Yo creo que el ajo blanco brillaba por su ausencia, más bien era un hilo de aceite de perejil alrededor. De segundo pedimos una presa ibérica con salsa de pimienta.

Por la tarde seguimos recorriendo las calles de Cádiz, no quisimos se nos hiciera de noche y emprendimos el regreso a Zahara de los Atunes. Al anochecer, en la terraza de otro restaurante a la orilla del mar, contemplamos encantados una preciosa puesta de sol.

Hoy no te mando ninguna receta. Anthony me está animando a salir de viaje ese fin de semana. Todavía no sé lo que haremos. Todo el norte amenaza lluvia.

Ya te contaré.

Abrazos madre, un montón de abrazos de tu hija.

                                                                      Kasioles

domingo, 17 de julio de 2011

ENSALADILLA DE GAMBAS Y LANGOSTINOS

Querida madre: Hoy me está costando trabajo empezar la carta.


No quisiera disgustarte, pero no me queda más remedio que afrontar lo que me ha pasado y contártelo.

Se trata de tu pájaro “Lucas”. Como seguía un poco triste, todas las mañanas lo sacaba a la terraza, debía encontrarse más alegre, por lo menos se le oía cantar.

Últimamente, había cogido la mala costumbre de picotear los comederos, los tenía tan desgastados, que tuvimos que sustituirlos por otros. No habiendo encontrado el mismo modelo, quedaba al descubierto un hueco en la jaula y, de momento, le pusimos un rectángulo de cartón para taparlo.

El miércoles, después de limpiar la jaula y ponerle comida fresquita, volví a sacarlo a la terraza. Estaba contento, desde el cuarto de estar le oía cantar.

A media mañana fui a verlo ¡no lo podía creer! ¿dónde estaba el pájaro?

La jaula estaba cerrada pero “Lucas”…..El cartón se había caído y el pájaro voló por el hueco del comedero ¡cuánto lo siento madre!

Tanto Anthony, como tus nietos, me consolaron diciéndome que se fue volando a tu lado.

Seguramente, “Lucas” no pudo soportar el estar tanto tiempo sin verte y cuando encontró la oportunidad…voló lejos.

Tengo la esperanza de que, un buen día, se pose en tu ventana y le oigas cantar al pie de ella.

Pensaba contarte otra de las excursiones que hicimos cuando estuvimos de vacaciones, pero el pájaro no sale de mi pensamiento y no estoy muy inspirada.

Dejaré el viaje a Cádiz para la próxima semana.

Ahora paso a enviarte la receta. La he preparado con la ayuda de tu nieto Willi, me ha hecho las fotos y decoró la ración.

Con estos calores se agradece algo fresquito con sabor a mar.

ENSALADILLA DE GAMBAS Y LANGOSTINOS: Retirar las cabezas de las gambas y langostinos. Reservar.

Cocer, durante un minuto, las colas en agua con sal. Colar y reservar el agua.

Cuando las colas estén frías, se pelan y reservan.

En el agua reservada, cocer tres o cuatro patatas. Aparte cocer tres zanahorias y cuatro huevos.

Poner una sartén al fuego con un poco de aceite, saltear las cabezas reservadas, aplastarlas un poco para que suelten todo su jugo, colarlo y añadirlo a una mayonesa ya sea hecha en casa o de bote, le dará color y sabor.

Montar la ensaladilla poniendo, en el fondo de la fuente, las patatas troceadas, aplastarlas ligeramente con un tenedor, añadirles una lata o dos de bonito o atún en aceite, pepinillos picados, los huevos (reservar uno para decorar), una lata de maíz dulce y las colas de las gambas y langostinos. Mezclar.

Cubrir con la mayonesa preparada y decorar con canónigos, rodajas de huevo, tiras de pimiento morrón, aceitunas etc.

Meter al frigorífico hasta la hora de servir.

Madre, hoy vendrán todos a comer. Willi ha venido también esta semana. Marieta está encantada con sus primos.

Me voy a prepararles la cena, la serviré al aire libre, hace un día caluroso, hay que aprovechar cuando refresca un poco. Nos acordaremos de ti, siempre te mencionamos en nuestras conversaciones.

Acabo ya. Recibe un fuerte abrazo de todos, en especial el que ahora te envía tu hija.

                                                                                                                     Kasioles







domingo, 10 de julio de 2011

MERLUZA AL HORNO CON REFRITO DE PIMIENTOS

Querida madre: Seguimos con temperaturas altas.

A primera hora de la mañana he abierto todas las ventanas que dan al Oeste y de vez en cuando entra un leve airecillo ¡cómo se agradece!

En mi carta anterior, te hablaba de ese pueblecito en el que creí encontrarte. Todavía guardo en mi memoria la imagen de aquella Virgen. Tuve curiosidad e intenté buscarla ¡la encontré!

Es la Virgen del Socorro ¡preciosa! Tan dulce y linda como tú.

Al día siguiente de visitar Benalup, decidimos ir a Chiclana de la Frontera.

Cuando llegamos, no lo podíamos creer, aquello parecía un desierto, no había ni un alma paseando por las calles.

Entramos en la iglesia de San Telmo y para nuestra satisfacción, allí descubrimos señales de vida, unos cuantos fieles, ya mayores, rezaban en silencio.

Cuando salimos, vimos a tres chicas vestidas con trajes de faralaes. Nos enteramos que Chiclana estaba en fiestas, celebraban las de San Antonio y por esta razón, la gente se apiñaba en la feria.

Nos dijeron que no quedaba lejos, que siguiéramos un caminito paralelo al río y que ya veríamos las luces al fondo.

Al poco, comprendimos el por qué Chiclana estaba vacía, toda la gente se había dado cita allí.

Arcos con luces de colores, con casetas a ambos lados, se sucedían unos a otros, aquello parecía no tener fin.

La feria no tenía edad, cobijaba a todo tipo de gente: mayores, jóvenes, pequeños, todos, disfrutaban del evento.

Me sorprendió ver que la mayoría iban vestidas con los trajes típicos, incluso las niñas más pequeñitas, aquellas que todavía no sabían andar, sus padres las llevaban con un mini vestido de faralaes.

De regreso, ya era tarde, nos paramos a cenar en la terraza de un pequeño restaurante situado cerca de dónde teníamos aparcado el coche. Recuerdo comimos unos chocos pequeños hechos a la plancha que estaban deliciosos.

Ahora paso a contarte lo que hicimos este fin de semana:

Lucho y familia regresaban de sus vacaciones, nos lo comunicaron el sábado por la mañana. Les invité a comer y quedamos en que nos veríamos en el chalé.

Ya me puse nerviosa, no contaba con ellos. Salí rápido a la pescadería con idea de comprar un pescado y hacerlo al horno.

Patricia, que así se llama la chica joven que suele atenderme, me sugirió llevase una merluza. Como las que tenía expuestas eran enormes, en la cámara me buscó una de más de 3 kilos ¡vaya merluza! Fresca, tiesa y dura ¡preciosa!

Le mandé me la abriese en abanico y me sacase la cabeza con un trozo del cogote, de ponerla entera no me cogería en la bandeja del horno.

Patricia tiene una piel muy parecida a la tuya, lo digo por lo blanca y delicada que es, ahora, con el sol, ha cogido un ligerísimo tono tostado.

De su cara destacan unos ojos de un color azul intenso, se confunden con el tono del mandil azulón que lleva.

En agradecimiento al buen pescado que siempre me recomienda, hoy quiero enviar, para las dos, esta receta.

Poner sobre la bandeja del horno, unas rodajas de tomate natural, salarlas, colocar encima la merluza, ponerle el punto de sal y regar con un poco de aceite y vino blanco.

 
Meter al horno, a 200 grados, durante una media hora.


Mientras, poner una sartén sobre el fuego con un poco de aceite, echar unos tres dientes de ajo laminados, dejar dorar ligeramente, añadir una guindilla troceada y tres pimientos del piquillo hechos tiritas, rehogarlos bien, añadir un buen chorro de vinagre y reservar.

Cinco minutos antes que la merluza esté en su punto, se vuelca sobre ella todo el contenido de la sartén.

Es una receta fácil y de un sabor extraordinario, os gustará.

Acabo ya, pero antes quiero despedirme enviándote un fuerte abrazo de todos ¡cuánto se acuerdan de ti!

Besos.




                      Kasioles

sábado, 2 de julio de 2011

ENSALADA DE PIMIENTOS ASADOS CON ANCHOAS

Querida madre: Ya hacía bastante tiempo que no me desvelaba.

Hoy no sé lo que me pasa, no puedo dormir.

Igual que meses atrás, acabo de dejar a Anthony durmiendo, me he escabullido de la cama sin que se diera cuenta y he venido al cuarto de estar para poder escribirte. Son las dos de la madrugada.

Espero que tarde un rato en notar mi ausencia, ya sabes, tiene por costumbre pasar su brazo rodeando mi cintura y si no me encuentra…..

Estoy recordando que hace ya cuatro años que no nos vemos ¡cómo corre el tiempo!

Hay veces que lo llevo fatal, no me acostumbro, te necesito tanto….

Madre, te confieso que por momentos me siento como una niña pequeña, como si no hubiera madurado, necesito tus consejos, tus caricias, tus mimos….

Lo único que me consuela es el poder comunicarnos a través de las cartas, claro está que yo preferiría que estuvieras a mi lado, pero de este modo, podemos mantenernos en contacto y saber la una de la otra.

En mi carta anterior acabé de contarte lo del viaje a Gibraltar.

Pues bien, al día siguiente, por la tarde, nos acercamos a Benalup casas viejas. Es un pueblecito que está a unos 40 km más o menos de Zahara de los Atunes. El camino es sinuoso y el municipio está en el interior, es muy tranquilo, sus calles estrechas y muy empinadas son lo ideal para ejercitar la musculatura de las piernas.

Lo primero que hemos hecho, fue visitar la iglesia, lleva el mismo nombre que la plaza en la que está ubicada.

Cuando entramos en la Iglesia del Socorro, no había nadie, todo era silencio.

Después de rezar un ratito, nos adentramos para ver las capillas laterales que estaban cerca del altar. A la derecha, me sorprendió ver una Virgen de una talla muy grande, no exagero, mediría cerca de un metro setenta. Me quedé mirándola y… ¿podrás creerme madre, si te digo que se parecía a ti? ¡ no lo podía creer!

Desde el ángulo en que estaba, te veía un poco de perfil ¡eras tú! Emocionada, con los ojos llenos de lágrimas, me arrodillé y te miré de frente, entonces fue cuando salí de mi ilusión óptica.

La Virgen tenía una cara lisa, sonrosada, dulce, bondadosa… pero era mucho más joven que tú.

De todas formas, agradezco que Ella me haya llevado durante unos minutos a tu lado.

Hoy, cuando ya las vacaciones han quedado muy atrás, todavía me emociono al recordarlo, ha sido una sensación maravillosa la que he vivido.

Como no he dormido nada bien, hoy tengo pocas ganas de cocinar, además hace bastante calor, sólo me apetece algo fresco y que se haga rápido, estoy pensando en una ensalada de pimientos asados, patatas, huevos cocidos, anchoas, cogollos y aceitunas ¡me está apeteciendo!

Me voy a la cocina para cocer tres patatas y dos huevos.

Pondré a asar en el horno a 180 grados cuatro pimientos rojos, los rociaré con unas gotas de aceite y les pondré un poco de sal por encima, me llevará un buen rato tenerlos a punto.

Los he dejado templar y ya los tengo pelados y cortados en tiras.

Las patatas las tengo cortadas en rodajas un poco gordas.

Cada cogollo lo he cortado en cuatro partes.

Ya sólo me queda montar la ensalada:

Poner en toda la vuelta de la fuente los cogollos cortados, en el centro las patatas en rodajas, sobre ellas los pimientos en tiras y encima de éstos, unos rollitos de anchoas en aceite con una aceituna negra.

Decorar con rodajas de huevo cocido, anchoas y más aceitunas.

Salar con escamas de sal.

Aliñar con un buen aceite de oliva, vinagre de Jerez, ajo muy picado, perejil y si gusta, también admite un poquito de comino.

Servir fría.

Hoy, madre, mi carta es larga, estarás contenta. Yo me siento feliz al escribirte.

Acabo ya. Recibe un fuerte abrazo con el cariño de tu hija

                                 Kasioles






sábado, 25 de junio de 2011

ALGO FRESQUITO: SALMOREJO

Querida madre: Sé que te gusta estar al corriente de todo lo que hicimos en estas vacaciones ¿Te acuerdas de cuando salía con Anthony, su panda de amigos y de regreso me pasaba un gran rato contándote todo lo que habíamos hecho?

Te llenaba de satisfacción cuando te decía que el nuevo modelito que acababa de estrenar había gustado muchísimo ¡qué guapa! me decían las amigas, ¡Qué bien te sienta! ¡Vaya madre que tienes! ¡Qué manos tiene! ¡Cómo sabe favorecerte!


Tus manos, madre, tan bonitas, tan blancas, más que coser, bordaban. Todo lo que hacías era perfecto.

Como te decía en mi carta anterior, no hemos parado en estas vacaciones. Por las tardes nos dedicábamos a visitar los pueblos de los alrededores.

Anthony nos advirtió que no olvidáramos los carnés de identidad, tenía pensado acercarse a Gibraltar.

Cuando llegamos a la Línea de la Concepción, se ve perfectamente el peñón ¡que decepción!, ver algo tan saliente y solitario, entre nosotras, tan feo, no me explico como se han podido producir tantos conflictos por su pertenencia.

Te mando la foto.

Al pasar la aduana me enteré que mi carné había caducado a mediados de Mayo, pero no fue impedimento para entrar, seguro nos han visto cara de buenas personas.

Lo que si me llamó la atención, fue el ver cantidad de motoristas y gente, andando, que entraban y salían de Gibraltar, las motos y los chicos y chicas que las llevaban, me parecían todos iguales, su vestimenta era toda negra, una especie de camuflaje.

Más tarde, me enteré que, como puerto franco que es, las bebidas, tabaco, colonias etc, están libres de impuestos y es su forma de ganarse la vida haciendo viajecitos ya que, de cada vez, sólo se puede sacar una cantidad limitada de mercancía. En la península la venden y todos salen ganando.

En realidad, Gibraltar es como una pequeña franja, no debe tener más de 7 km2 de superficie, pero todo su valor radica en la posición estratégica que tiene, domina todo el estrecho. Actualmente es territorio británico. El Peñón está considerado como una Reserva Natural, hay cantidad de flora y fauna. Los monos es lo que más llama la atención, están en estado semisalvaje. Nos faltó tiempo para ver más cosas.

Paso a enviarte la receta de esta semana:

Como el calor aprieta, estoy preparando un salmorejo fresquito ¿te apetece?

Escoger un kilo de tomates bien rojos y maduros, sacarles la parte donde están sujetos a la planta y trocearlos. Echarlos a un bol amplio junto con un diente de ajo, salar a gusto, triturar con la minipimer. Cuando todo se haya hecho un puré ligero, se añaden unos cien gramos de pan del día anterior remojado en agua, seguir batiendo, ponerle el punto de sal. Pasar todo a través de un colador por si quedase alguna piel del tomate. Por último, aliñar con un buen chorro de vinagre y unos 100 ml de un buen aceite de oliva. Volver a batir para que se incorpore bien el aliño.

Se sirve en cuencos y se pone, como acompañamiento, jamón serrano y huevo cocido muy picaditos.

Al que le guste más espeso, tiene que añadir más pan. Para los amantes del ajo, echarán dos dientes hermosos en lugar de uno y para aquellos otros que no les importe engordar, añadirán más aceite. De todas formas, está ¡buenísimo!

Por hoy acabo, en la próxima te seguiré contando.


Besos de todos, abrazos para Josep y para ti, todo el cariño de tu hija.

                                                        Kasioles